29 de octubre de 2016

Concurso cuento corto: Historia de un colombiano diferente



                                    Historia de un colombiano diferente

El cuerpo de Clark Torres fue encontrado un día de agosto en horas de la mañana cerca de la parroquia local, con una estaca clavada en el pecho. La vida transcurría con anormalidad para Clark Torres, un vampiro colombiano que vivía ocultando su identidad desde niño por miedo al rechazo. Sus padres le llamaron Clark porque siendo los vampiros propios de la cultura extranjera, un nombre colombiano no sería de ninguna forma apropiado. Ni Clark, ni sus padres, ni ninguno de sus familiares que conocía su identidad oculta supieron jamás porqué en su familia había nacido un vampiro; en la reuniones familiares, donde siempre surgía el tema para amenizar el ambiente, se especulaba que el bisabuelo Alberto pudo haber tenido una aventurilla con alguna estrella de alguna película de terror de Hollywood por esos días en los que viajó a probar suerte a los Estados Unidos. Clark Torres, un chico normal, cabello color blanco plata, piel pálida, ojos azules, aislado y de personalidad introvertida, normal para su condición, extraño para su cultura; aprendió todas las maromas que implica ser normal. Nunca brilló en los deportes, no tenía las mejores notas, no destacaba en nada, no era atractivo para las chicas y no era popular entre los chicos, nadie se le acercaba porque es bien sabido que en español colombiano “extraño” y “malo” son intercambiables en cualquier oración. Se le veía solo, caminando en la noche siempre tan oscura como su futuro; evidentemente las personas le huían por miedo al contagio, porque dicen que lo malo se pega. Regresando de sus clases nocturnas cruzaba el parque del sector, se sentaba en las gradas cerca a la cancha del barrio y se quedaba en silencio, su lengua nativa. Los niños que jugaban en la cancha le llamaban “El Zombi”, no solo por su aspecto físico bastante tenebroso sino también porque su paso era lento y medido, como si no quisiera llegar a ninguna parte, y su mirada era lejana, demasiado profunda para mentes superficiales; se dice que los ojos son una puerta al alma, no los ojos de Clark Torres, su alma era muy liviana y se le escapaba de tanto en tanto.


Las vecinas del sector, siempre tan bien informadas, cuentan que la noche del suceso no se le vio sentado en las gradas como era de costumbre, ni se le vio pasar de regreso del colegio; algo sucedió entre las 7pm, ultima hora en la que un profesor dijo haberle visto con vida, y las 4am cuando fue descubierto por un borracho que orinaba en los arbustos. A su funeral solo asistieron su familia, algunos profesores enviados por la coordinación de la escuela, una chica rubia cuya belleza contrastaba con la modesta presencia del resto de participantes, y un chico que se mantuvo a cierta distancia durante toda la ceremonia y solo dejó una nota sobre el féretro que fue enterrada con el mismo. Unas pocas plegarias fueron elevadas por las ancianas como para no perder la costumbre - ¿Qué caso tiene al fin de cuentas rogar por una creatura sin alma? - Un burdo discurso fue pronunciado en su honor y fue sepultado. ¿Quién mató a Clark Torres? se rumora que lo mató el fanatismo de una cultura que ama las películas de terror pero teme vivir en una; otros creen que la familia le tendió una trampa y se deshizo de él para poder empezar a hablar de otra cosa; otros dicen que murió de pena de amor y la estaca solo fue una forma de exteriorizar su pena; otros como yo, creen que Clark Torres ya venía muriendo de a poquito y al final, se le vino el mundo encima dándole la estocada final a este pobre infeliz. Lo cierto es que nadie lo supo y en el fondo nadie lo quiere saber. Clark Torres murió como vivió, pasó a la historia y nadie le extrañó, solo en eso pudo ser igual a todos los demás por primera vez en su vida – o más bien en su muerte – como lo haremos todos los que no alcanzamos a encajar en este pacífico país tan incluyente y tolerante para con todos sus habitantes.

Seudónimo: Praxis
 

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