3 de noviembre de 2016

Concurso cuento corto: Bitácora de una reina hormiga.



Bitácora de una reina hormiga.

Se miraba curiosa frente al espejo cuando notó la desfiguración. Burbujas rojas y carnudas acribillaban si terso abdomen. OH NOOO! ¡¿Q me pasa?!- chillaba asustada.

Mecánicamente empezó a pincharlas una a una, con desespero y terror, como si todo lo que estuviese

mal se arreglara destruyéndolo. Para su mala suerte, éstas volvían a aparecer, más voluptuosas, s feas, con odio. Se paralizó. Soy s fea que nunca. Estaban en sus piernas, las sentía crecer en su espalda, sus senos se confundían entre ellas. ¿Y si llegan a mi rostro?, seguro es permanente. No podía pensar s, estaba atrasada, debía irse.

Se vistió lo s rápido que pudo, se cubrió tanto como pudo. Sufrió cada paso, no se había peinado, llevaba una improvisada cola de caballo, la ropa sin planchar y vagos recuerdos del examen de mateticas.

Soa sentarse en la primera fila, era cegatona, pero odiaba sus gafas. Era medio cegatona, pero odiaba usar sus gafas. De las mejores estudiantes de su clase, tal vez la mejor peor siempre había algo má s por hacer que las tareas.

Amaba dibujar. Se quedaba sola en casa para exclusivamente tirarse de rodillas al suelo y graficar las fantasías que imaginaba. Leyendo un día encontla vida de las hormigas y se aterró al descubrir que la reina pierde sus alas por entregarse al zángano. Acto vil. Enojada, dibujaba cómo huía para volar libre.

Aquella tarde mientras la profesora hablaba sobre la reproducción de las plantas, ella garabateaba su cuaderno, observando disimuladamente a quien robaba sus suspiros y que le hacía apenar aún más por la deformidad de su cuerpo.

Johan, además de ser el s guapo, era el payaso del curso. Ya todo un donjuán recibía afectos de aquellas consideradas s lindas.

La clase de las cuatro, fue en realidad un recreo. Ella permanecía sola, Jennifer había faltado y en su reemplazo estaban los bultos. De milagro, Diana y compañía se acercaron a hablarle. Ellas eras las s lindas del curso, estar en su grupo era un privilegio o al menos eso cra la mayoría.

La invitaron a una reunión clandestina, que incluía a Johan. mida, se sentó con ellos en el suelo cerrando el círculo. Estaban frente a frente. Estaba muy nerviosa, sabía de qué se trataban esas reuniones y sólo podía sentir cómo su piel burbujeaba. Will comenzó Quiero con May, ella aceptó con una sonrisa. Todos miraron a Johan, yo quiero con Ella.

Ella se aterró, tendría la oportunidad. Recordó su piel, ¿cómo acercarse sin que lo note?

Will y May cerraron su trato, fue rápido y penoso. Mientras la otra pareja se cubría con una carpeta. Ella se sintió peor, se asustó, le parecía obsceno. Su turno se acercaba, se paró, mi a la profesora desesperada, intentaba huir. Él la llamó con un tono desdeñoso. ¡Que horrible forma de decir su nombre! Se sentó de nuevo, sintió la burla, la cadena en su cuello. La mirada oscura de Johan la enfureció, recordó a los zánganos, si zánganos! Y las alas caídas de la reina. Se sintió pequeña, humillada frente a sus labios.

-¿Y bien?- Su reacción fue instannea. No, no quiero.

Se levantó, esperaba algo s, sonó el timbre de la salida, tomó sus cosas y se fue.

Eran las 7:30 de la mañana, estaba en el doctor con su padre. Después de examinar la extraña erupción que ya cubría todo su cuerpo tomó su decisión. Diagstico: Varicela. Ella sonrió para sus adentros. Ya había ldo sobre eso, no debía preocuparse, solo pasaba una vez.

Cumplió su cuarentena satisfactoriamente. Se sena contenta con su soledad, se amó a sí misma como nunca y no recordó s el problema de la fealdad.

Volvió a clases después de siete días. Encontró a Jennifer de vuelta, le mostsus cicatrices. Había muy pocos estudiantes esa semana, pues estaban en cuarentena Johan y los demás del curso de quinto de Primaria por contagio de Varicela.


Mar Gordon

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