12 de noviembre de 2016

Concurso cuento corto: EL RESUCITADO


 
EL RESUCITADO

En las estribaciones de la cordillera occidental, al margen izquierdo dela vía que del municipio de Cartago en el valle conduce al municipio de Novita en el sur del departamento del Choco, a escasos 15 kilómetros antes de llegar a San José del palmar, se encuentra la finca que por los años 1948 la denominaban Tierra santa, pues dentro del predio existía un montículo que al entender de Baudilio Isaza, jefe de la familia colonizadora de estos terrenos dos años atrás, era igualito al Gólgota de las sagradas escrituras, bien conocidas por él, pues se había hecho protestante a eso de los 35 años, lo que no pudo cambiar fue su orientación liberal Heredada de sus progenitores, descendientes de las primeras familias que colonizaron las tierras altas del departamento de Antioquia donde fundaron el municipio de Sonsón.

El 28 de Noviembre del año 1948 transcurrió aparentemente normal. Había decidido don Baudilio con sus hijos mayores: Lázaro, Carlos y Ramón que al terminar la faena de deshierbe del cafetal, llevaan a casa, para la merienda del culto que realizaban todos los miércoles con vecinos de fincas cercanas, veinte mazorcas del choclar que tenían cerca a la casa.

En el típico corredor entablado, de las casas campesinas, alumbrados por la luz mortecina de dos lámparas Coleman, toda la familia ojeaba las biblias e himnarios. Doña Josefa Ocampo le pregunto a su marido por la tardanza de sus vecinos a lo cual contesto el sin preocupación –Ya llegaran mija- y escucharon enseguida voces y pasos en el camino de entrada a tierra santa –si ve, mija, ya llegaron-.

En lugar de sus vecinos más cercanos, quienes llegaron eran cuatro hombres armados con escopetas y revólveres de los cuales don Baudilio reconoc a un conservador de la vereda el clavel a quien le había vendido cerdos el año pasado, pronto corr a saludarle –buenas noches don Fernando- -buenas noches don Baudilio- y al estirar su brazo para saludar, tropezó con el frio cañón de un 38 largo que retumbo en sus oídos dos veces impactándolo en el pecho y cayendo en posición supina sobre el quicio del umbral que del corredor conducía al patio delantero de la casa.

A las dos detonaciones del arma de don Fernando sucedieron otras de las armas de sus acompañantes, ante lo cual las biblias y los himnarios rodaron por el entablado del corredor de la Casa. los cuatro visitantes entraron al corredor pasando por encima del ya finado don Baudilio, se sentaron recogieron las biblias y los himnarios los pusieron sobre la mesa y al tiempo se persignaron y uno de ellos dijo Bien lo dice el copartidario de Tuluá, mi Dios nos perdone pero, todo esto es una cuestión de principios-. Si, replico uno más, ese colorcito lo vamos a desaparecer y si de aquí no se van, no dejaremos de ellos ni la semilla-. Don Fernando parado junto al cadáver de don Baudilio grito a voz en cuello-

¡viva el glorioso partido conservador!- y sus acompañantes respondieron –¡ viva! . Hicieron disparos al aire, bajaron las Coleman y se marcharon hacia san José del palmar que desde tierra santa se veía arder.

Al día siguiente desde los cerros cercanos atisbaban los chicos menores: Roberto, Joaquín y Rosana. Desde otro punto la mujer de Lázaro con su hija de brazos se acercaba sigilosa, la mujer de don Baudilio ya se encontraba dentro de la casa llorando su perdida y esperando otro garrotazo en el alma, pues se sabía de viudas, completamente solas a las que la violencia les había arrebatado toda su familia.

Lázaro yacía en la zanja que a unos metros de la casa delimitaba el choclar que debían cosechar esa semana, con un tiro en la cabeza y un surco de sangre desde la casa. Al borde de la zanja se sit toda la familia tomada por las manos, implorando al cielo que se obrara en ese instante un milagro. Doña Josefa alzo al cielo su mirada y con la fe de una calabaza gigante exclamó:

¡Lázaro levántate! , enseguida Lázaro se levantó y en los días siguientes se corrió la voz de que en tierra santa Lázaro Isaza había resucitado.

Metiches”

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