12 de noviembre de 2016

Concurso cuento corto: Naufrago.



Naufrago.

Por

Caleb

Luego de siete años de estar en coma, Cristian despertó en la cnica donde había nacido sin nada más que un recuerdo borroso. Su habitación se encontraba vacía pues él yacía en el suelo. Se levanto de inmediato y sin cambiarse de ropa se fue, a través de la ventana el crepúsculo invadía su habitación.
 
Mientras bajaba las interminables escaleras, en su mente retumbaba el por qué su hermano no estaba con él, su padre o madre, alguien. En el séptimo piso del hospital observo a un sujeto con abrigo y sombrero de color negro mirando a través de las ventanas de las habitaciones mientras se perdía en un eterno y angosto pasillo. En el primer piso no se encontraba nadie este hospital esta vacio pensó.
 
Luego de recorrer la urbe que no era nada igual a la que era cuando había entrado en trance, Cristian llego a la casa donde vivió, no pudo entrar, probo con las llaves que tenía en el pantalón pero no funciono, rodeo la casa y a través de la ventana del jardín observo a sus padres a su hermano a la novia de su hermano y en la que en otra vida había sido su novia, se veían felices, ninguna ausencia se sentía; noto que los presentes rodeaban una cuna, y con el afán de necesidad de encontrar algo logro observar que en una rincón de esta estaba inscrito su nombre.
Sentado en el jardín, ocultado en la penumbra, Cristian observaba como llegaban más familiares, primos tías y sobrinos, todos felices, su primo Gabriel que en un momento se dirigió al jardín a enterrar algo, no se percato de presencia alguna.
 
Luego de una breve euforia llego un último invitado, se bajo de un vehículo, la noche y la ausencia de lámparas traicionaban la visión de Cristian que no logro verlo en la calle, una vez en la casa la familia lo saludaba y gritaba su nombre a la vez que se le abalanzaban como si no lo hubieran visto durante siete años ¡Cristian! exclamo el primo Gabriel cuando lo vio, mientras se le tiraba encima, como si el letargo hubiera acabado.
 
Cristian se dirigió a la ventana que separaba el deseo y la verdad, la golpeo, pero adentro ni el perro se inmuto; desesperado, confundido e irritado, Cristian gritaba y caminaba en círculos, a la distancia observo al sujeto con atuendo y sombrero oscuro, lo siguió.
 
Luego de perseguirlo por una calle sumergida en la negrura, perdió el rastro de este y se encontró en una casa de madera, de dos pisos algo antigua, se dirigió a la puerta mientras el rechine de los escalones le recordaba la euforia del primo Gabriel con el otro, ya en la puerta saco las llaves de su pantalón y las metió en la cerradura, abrió la puerta.
 
Adentro la casa se le hacía familiar, estaba casi oscura pues un quinq dejaba la sala en penumbra; en un rincón de la pequeña sala se encontraba una cuna y al lado un espejo, Cristian se paro en frente de el. Hora de irnos manifestó el sujeto de vestimenta color noche Estoy listo le replicaron, mientras el eco de las palabras se perdía en el tiempo.

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