22 de noviembre de 2016

Concurso cuento corto: OBSESIÓN





Obsesión

Solo bastó un breve vistazo para que Jack supiera que estaba ante una gran joya. Sentía que debía tenerla no importaba qué, a que decidió regatear con el viejo vendedor: Oiga, cuánto por el libro de la fea portada rústica”, dijo con un tono neutro intentando no mostrar interés, pero en el fondo sabía que aquella característica solo le agregaba más belleza al objeto. “Me entristece que trate de esa forma a verdaderas obras de arte. ¿Sabe? en una situación normal se lo vendería a un alto precio pero sabiendo que la guerra está a la vuelta de la esquina, se lo venderé a un módico precio…”. Una vez concretado el negocio Jack se dirigapresuradamente a su apartamento.

Tanto era su afán por leer aquel libro que pa por encima de los niños del 104 que jugaban en la entrada del edificio, saludó con una sonrisa lida a la hermosa joven del 203, con quien sostenía un amorío juvenil; evitó cruzar miradas con el bulloso y grosero vecino del 302, que no hacía sino maldecir mientras intentaba arreglar la agujereada puerta de su apartamento; por último saludó brevemente a la anciana del 401, la cual pasaba el tiempo tejiendo con la puerta abierta con el fin de lograr algún tipo de contacto que distrajera su soledad.

Una vez en su hogar, abrió el libro, estaba en una lengua árabe, pero eso no era un problema, por el contrario, era justamente lo que buscaba, pues Jack era un joven traductor que, por la guerra, había perdido su empleo y vivía de hacer oficios varios. Recordó, cuando vio el libro, que una editorial extranjera le pagaría un buen dinero, lo suficiente para huir a otro país, por traducirlo. Pensó que solo sería otra traducción más, pero cuando lo leyó por primera vez, cosa que no tomó mucho tiempo pues tenía 100 páginas, que extasiado. Olvidó pronto que lo traduciría por dinero, en vez de eso, lo haría por amor al arte de traducir, quería ser participe, a fuera solo en su traducción, de aquella magnífica obra de arte. Sin embargo, parecía que el destino le tenía otros planes.

Una mañana de sábado llegó una carta del gobierno solicitando – obligando a enlistarse en el ercito y participar en la guerra. Jack, cuya actitud había cambiado, estaba obsesionado con la traducción, de su trabajo, evitaba a la joven del 203 aparentando su ausencia. Su apartamento estaba lleno de traducciones infructuosas, algunas por su literalidad, otras por recuperar su sentido pero siendo muy apartada del original, como otra obra. Sabía que esta vez no podía eludir el compromiso, vendrían por él en exactamente una semana. Sint terror y horror, sabía que no sobreviviría un día en la guerra, además no quería abandonar su obsesión. Durante cinco días no hizo más que buscar todo tipo de pretexto para eludir el compromiso, complicaciones médicas, incluso un acta de defunción, sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano, nadie lo ayudaba pues o lo consideraban cobarde o alguien que no quería a su patria.

Era viernes en la tarde y su angustia estaba afectando su salud, sudaba, se movía de un lado a otro dentro de su apartamento como paranoico, mostraba signos de delirio, parecía que fuese a enloquecer. Corrió desesperado de un lado al otro hasta quedar agotado, sentándose bruscamente sobre una pequeña butaca, que a silbando una suave melodía. Fue como si todo el edificio hubiera quedado en armonía. Los niños del 104 hacían un golpe con la pelota que parecía llevar un ritmo de tres golpes seguidos y uno después. Ritmo que repetía la vecina del 203 con su armónica. El mismo ritmo del vecino del 302 que martillaba su roída puerta.
 
El mismo ritmo que hacía la vieja del 401 al tejer. Jack se sint en calma, y tras un momento, inspirado. Se demoró traduciendo hasta el amanecer del sábado, se vist como para clima frio, de la llave de su apartamento en el 203 y huyó. La joven entró al apartamento de Jack, en su escritorio vio dos libros casi iguales, junto a ellos, una pequeña nota que decía: mira, he logrado dar forma árabe al español.

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