23 de febrero de 2017

Cartas al desamor: "Un minuto en algún mundo posible"


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Un minuto en algún mundo posible
(Autor: Kurt)


En definitiva, era algo que tenía que hacer. Por lo mismo, fui hasta un minutero y decidí llamarla, después de dos años y medio de haber terminado. Ella me contestó, con su voz confundida y anonadada de escucharme después de tanto tiempo. Al terminar la llamada, no podía de la dicha ¡me había aceptado la invitación a tomar un café! A pesar que a la mayoría de personas les parezca trivial, para mí era importante, eso significaba que una parte de ella quería retomar una conversación conmigo y, porque no, cierta cercanía.

Aquella semana, antes de vernos, no pude calmar mis ánimos. Me sentía como un adolescente enamorado, a pesar de mis veintitantos. No podía dejar de hablar de ello con mis amigos. Pasó una semana y media antes de verla. Para ello, me compré una camiseta y unos zapatos nuevos; sin duda, quería estar diferente y presentable para que ella notará más virtudes que defectos en mí. Al llegar el gran día, nos vimos en Unicentro, en Juan Valdés, y en medio del ruido cotidiano me fue contando de su vida, de todo lo que había pasado, de sus aventuras y desventuras. No puedo negar que fue realmente agradable escucharla, sin dejar de verla un solo minuto a sus ojos.

Me perdí en su mirada, en la forma en cómo ella movía sus labios al hablar de filosofía analítica. En cómo se movían sus cejas al tratar de comprender los conceptos modales de los que yo hablaba en ese momento de mi vida. ¡Habíamos madurado tanto! ¡Con los años uno termina siendo un poco más sensitivo eh! Antes me deleitaba y creía poder morir feliz mirándola... ahora podría morir dichoso, sólo escuchándola (sin dejar de verla a esos ojos hermosos). Debió ser sumamente extraño ese momento para ella: retomar miradas del pasado y evaluar futuros cercanos. Posterior a ese día, mi vida cambió. Todo fue increíble y el amor se fue desenredando, después de haberlo creído extinto.

De hecho, todo estaba tan bien… incluso, era mejor que cualquier sueño o película romántica. Una mañana, al levantarme, escuché decir en voz alta “señor, la persona a la que está llamando no contestó”. En ese instante, entendí que nuestro amor nunca fue necesario (en sentido formal e informal). En algún mundo posible seguíamos felices, pero en este maldito mundo seguíamos distanciados. Ahí seguía yo, en el minutero, en medio de mi soledad, sin que ella me brindara ni un minuto de su tiempo. Sin café, sin abrazos y sin amor. 

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