27 de octubre de 2017

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17 : CRÓNICA DE UNA BRUJA




CRONICA DE UNA BRUJA

Siempre quise escribir. Pero ese don no me fue dado. Por más que tratara de hacerlo, terminaba escribiendo incoherencias que nunca nadie entendería; Pero es de humanos seguir intentando. Tratando de atar al papel criaturas místicas, mágicas y antiguas recurrí a los libros, pero lo que encontré, me causo gracia y hasta un poco de indignación. Pobres criaturas, pobres brujas, fueron juzgadas por tener dones que la mayoría no tenia, fueron condenadas por ser diferentes. Pero en aquella pequeña ciudad donde la magia no era un mito, el tema no despertaba otra cosa más que temor. Incluso llegué a ver rostros palidecer de asombro al escuchar la palabra brujería mientras limpiaba las mesas del restaurante donde trabajaba. Sus palabras llenas de repudio me alertaban, pero no podía dejar de pensar en el miedo que sentía la ciudad, y eso despertó mi curiosidad por completo, me dije: - ¡eso es! Haré la crónica de una bruja, en retribución a todas las falsedades que se han dicho sobre ellas–. Creo que de alguna forma me sentí identificada. Buscando material en las pequeñas bibliotecas, noté la presencia de alguien, me miraba desde un escombro de libros, tratando de no ser descubierto. No hay nada que me moleste mas que ser vigilada, así que me acerqué con la intención de detener la situación, pero en cuanto me acercaba, su rostro se hizo más claro -lo he visto antes, estoy segura - Pensé; y en un mínimo esfuerzo por recordar, lo ví, en la aquella biblioteca y en esa otra, en todas, para ser más exacta.

– ¿Por qué me persigues? – Pregunté cortante

– No te persigo – respondió él desafiante – solo es una coincidencia.

– Una coincidencia bastante persistente...

–Accidentalmente revisé los libros que prestaste.

Mi expresión se tornó furiosa -Te lo advierto aléjate o te denunciaré- Dije con la convicción de hacerlo desaparecer yo misma, la policía no era una opción viable para una indocumentada como yo.

–Tengo documentos que te podrían interesar –Dijo tratando de atenuar la situación –mi familia ha heredado los diarios de unas mujeres acusadas de brujería, me interesa le tema y eres la primer persona que he conocido tan interesada en el tema. Guardé silencio un momento mientras él seguía sonriendo despreocupadamente –Está bien, sería muy útil – contesté, después de todo solo tengo que desaparecer todo si sale mal. –Mucho gusto, soy David. Estudio literatura

–Soy Isis.


Acordamos reunirnos frecuentemente en la biblioteca principal, para revisar los libros que él llevaba. David realmente no era ningún acosador, solo le apasionaba el tema y en una ocasión oyó una de mis auto reflexiones en voz alta. Él se la pasaba escribiendo mientras yo me perdía entre la información de los libros y los diarios, entonces 3 minutos se convirtieron en 3 meses. David corregía insistentemente mi historia cuando no concordaba con la información de los libros, yo cambiaba las fechas y acontecimientos donde los libros se equivocaban. Entonces me propuso escribir una novela, de esta forma tendría mayor libertad para escribir y después de mucha discusión terminé aceptando. Así que cambié el nombre del personaje principal, Hécate se llamó. Tuvimos grandes discusiones por la historia, porque según él, no era justo lo que hacía con los humanos en la novela; no era mi intención hacerlos ver como “los malos”, realmente no creo que se tratara de eso, un lado bueno y uno malo, solo eran formas de vivir; pero son cosas que simplemente él no entendería.


Las brujas como Hécate, llevaban en su sangre la hechicería y esconderla resultaba atroz para su ser. Pero ella no era la única; otras debían saciar su instinto matando animales para comer; otras solo podían lograrlo alimentándose de humanos. Comprendo que fueran perseguidas, pero ¿no es lo mismo que hacemos para sobrevivir? Lo importante aquí es vivir ¿entonces porque es un pecado tan grande ser bruja?

Mis preguntas le revelaron cosas que no encontraría en ningún libro. Al final terminé escribiendo la crónica más real jamás hecha; entendible, pero que nunca nadie leerá, porque desaparecerá en silencio junto a su dueña.

En este oscuro encierro nada cambió y lo último que recuerdo fueron las últimas palabras de aquel literato:

– Adiós, Hécate.


MIA-K

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