31 de octubre de 2017

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: Su calor




Su calor

En alguna banca de algún parque, Joaquín veía asombrado cómo el fuerte sol iluminaba sólo la parte izquierda del rostro de Laura. Le parecía hermosa. Pensaba que, con simplemente ver esa parte de su cara, con tanta luz, tan cerca de él, podría ser feliz por largo rato. La volvía a ver, sonreía y luego miraba hacia otro lado. Mientras escuchaba atento el canto de aves que no encontraba con la vista, y la paralizante risa de Laura, empezó a sentir demasiado calor. Le costaba mantener los ojos abiertos y podía saborear unas cuantas gotas de sudor, que entraban por la sonrisa involuntaria que surgía al ver sus ojos o labios. «¿Qué tienes?», dijo Laura, algo preocupada. «Sos demasiado linda, todavía no me acostumbro a estar junto a vos, supongo», dijo él con una media sonrisa, en la que entró otra pequeña gota. «Vamos». Laura, casi indiferente a la explicación, se puso de pie y estiró los dedos de su mano derecha, ofreciéndosela a Joaquín. Él se levantó con un suspiro, y cerró los ojos en el instante en que tocó su mano.

*

Cuando llegó a la cuadra de su casa, Joaquín dio un paso que devolvió antes de tocar el pavimento, confundido por haber llegado tan pronto. Miró a Laura, buscando alguna explicación en sus ojos. Ya que ella, abrazándole el brazo izquierdo, sólo sonreía, dejó las preguntas de lado y continuó, feliz. Al pasar por la casa del vecino notó que sonaba bastante fuerte la misma canción que él usa como tono de llamada. Sacó el celular del bolsillo y lo revisó, pero lo guardó de nuevo al ver que nadie le estaba llamando. Después de atravesar el umbral de su casa, en la sala, volvió a escuchar la canción. Miró con cara molesta la pared que comparte con el vecino y siguió hacia su cuarto, abrazando la cintura de Laura. Tras llegar empezaron a besarse. La canción seguía sonando, penetrando en los oídos de Joaquín. Agarró a Laura y se tiró en la cama con ella. Puso su celular sobre la mesa de noche y la continuó besando, frenéticamente, en cualquier lugar que sus labios considerasen apropiado. Su cuello, oreja, senos, labios…con cada beso sentía cómo se hundía todo él en ella. Respiraba lento y la miraba y sentía que su abdomen se templaba por completo y comenzaban a sudar sus manos, sus brazos. Y cuando ya creía que sus ojos le engañaban, la besaba donde fuese mientras ella le abrazaba y respiraba pesadamente y sus pechos se agitaban y sus labios se juntaban y todo lo demás se le tornaba vacío. Pero la música era inaguantable y ya estaba harto así que tomó el celular para contestar.

–¿Aló? –dijo, con disgusto y pereza.

–Buenos días, ¿con quién tengo el gusto de hablar?

–Buenas, Joaquín.
–Bueno, buenos días nuevamente, Joaquín. Le llamo porque hoy nos encontramos ofreciendo un nuevo plan de minutos e internet, sólo para nuestros clientes más especiales, son…

–Mire, gracias pero ahora no, me llama luego si quiere, pero no gracias. Igual ni llamo a nadie. Hasta luego.

–Sí, pero uno nunca sabe, y mire que el plan…

–Hasta luego, que esté bien.

Joaquín cuelga, frota sus ojos y revisa si tiene mensajes nuevos; un par de la operadora y no más. Se levanta, cierra las cortinas por las que entra el sol de las 11 y se sienta en su cama, mirando fijamente la pared que casi puede tocar con la punta de sus pies. Pone sus codos en sus muslos, encorva su espalda y se tapa el rostro con sus manos. Llora hasta que las gotas de sudor y las lágrimas se mezclan en su boca provocando deseos de escupir. Sale de su cuarto, entra al baño y se ducha.


Je, erre

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