2 de noviembre de 2017

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17 : CAYETANA DE MI ALMA






CAYETANA DE MI ALMA - Autora : DanArte

Esa tarde después de mucho pensarlo, pedí a mi madre que cuidara de la pequeña Altamira ¿Quien más que ella para cuidar de mi hija? No podía esperar más, no sabía dónde podía estar Cayetana, ella ha sido mi único amor y se me la llevaron, debía salir a buscarla.

Hace más de un mes mientras subía con baldes de agua escuché unos gritos que parecían venir de mi rancho. Era Cayetana y mi madre rogando auxilio, corrí lo más rápido que podía, pero cuando llegué, solo estaba mi vieja con la niña entradas en llanto:

  • ¿Qué paso Vieja? ¿Y Cayetana? – Pregunté

  • Se la han llevado los malos, por cobrarte lo que les debes- Respondió mi madre muy atemorizada

Desde ese momento cambió todo, pasaron tres días y yo no podía dormir, no quería comer, solo necesitaba encontrarla; así que alisté ropa y comida, le di la bendición a Altamira y abracé a mi madre como quien sabe que no regresará.

Salí del rancho sin mirar atrás, pero pasadas tres horas me fijé que no había avanzado mucho y ya me sentía sin fuerzas, paré a descansar y me dormí; al otro día seguí monte adentro donde sabía que estarían esos infelices, pero encontrarla estaba más difícil de lo que yo había pensado y la desesperación se apoderaba de mí.

Esa tarde cuando el cansancio se apoderó de mí, empecé a gritar:

  • Cayetanaaaaa, cayetanaaaa.

Pero el eco me respondía con un frio susurro: anaaaa, aanaaaa.

No podía parar de llorar y grité por última vez, pero esta vez no solo escuché un eco:

  • Luis…Ayúdame!

Era ella, sin duda lo era, pero… ¿me estaría enloqueciendo tan rápido? ¿Estaría imaginando voces?

  • Luisssssss!! – Escuché de nuevo.

Esta vez me paré de un brinco, salí corriendo rápidamente y logré llegar a un campamento improvisado; aún estaba lejos de la entrada, pero vi a mi Cayetana, la tenían amarrada cual animal a punto de sacrificar - ¿ Cómo puede existir tanta maldad ?-

Me quede inmóvil y pensé que todo esto era mi culpa, algunos meses atrás había pedido dinero prestado a esos milicianos para poder pagar mis cuentas, comprar cosas de Altamira y poder vivir lo mejor posible con mi madre y Cayetana, pero los intereses
habían llegado tan alto que ahora debía 10 millones que yo no tenía y por eso me la cobraron.

Reaccioné de nuevo e intenté mirar como entrar, todo estaba enrejado con púas y alambres, así que debía saltar; ella me vio apenas empecé a trepar la reja, y yo le hice señas de silencio con mi dedo, cuando estuve en la cima de la reja me tiré, con tan mala suerte que caí en una piedra y me tronche el pie, pero esto no me impedía ir corriendo a abrazar a mi amada.

Me fijé que no hubiese nadie para empezar a desamarrarla, comencé a soltar nudos rápidamente y ella también me ayudaba, pero antes de terminar llegó Ovidio y me miró fijamente…

Ovidio era un viejo amigo mío, pero ahora trabajaba para ellos; lo miré suplicando que nos dejara ir pero dio media vuelta y empezó a gritar, agarré a Cayetana y empezamos a correr por el monte, esquivando las balas y siendo lo más ágil que podíamos, mi pie me dolía mucho y en cinco minutos ya estábamos sin aire… no podíamos parar.

Yo la llevaba fuerte de la mano cuando vi que se empezó a desplomar en el suelo, la levante rápido pero ya tenía un orificio en su pecho, su ropa se había manchado de sangre…mi Cayetana se me había ido, así que la abracé fuerte y esperé que las balas llegaran a mí.

Días después nuestros cuerpos fueron encontrados por un grupo de militares, los cuales fueron a llevar la noticia a mi vieja, la tristeza no le cabe en el cuerpo, pero ella es fuerte por mi Altamira, ahora están empacando las maletas para ir a la ciudad, tal vez a buscar un mejor futuro para las dos; antes de irse cargó a la niña miró por la ventana, se echó la bendición y emprendió camino… como quien sabe que no regresará.

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