3 de noviembre de 2017

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: TODO ES FICCIÓN




TODO ES FICCIÓN

Por: Solano Patiño


El hombre llegaba tarde al trabajo gracias al estúpido trancón que se formó en la avenida sexta gracias a algún imbécil que chocó a otro todavía más distraído, si la situación seguía así su auto no podría avanzar ni un centímetro , el pobre ya pensaba que su trabajo ya no era más su trabajo. Todo esto sería cierto si el tipo en realidad tuviera un auto, eso era solo una fantasía para él ya que su sueldo no le permitía comprarse uno, al desgraciado le tocaba mas bien irse en transporte público que era todavía más molesto por no decir infernal ya que parecía un hecho que le tocaba ir parado y con un montón de gente muy apretados, para colmo ni siquiera con una chica linda al lado para no hacer su infierno tan infernal, claro que no, estaba a su lado derecho un señor bastante gordo y a su lado izquierdo otro tipo cuyo olor corporal dejaba mucho que desear. Mientras el hombre maldecía para sus adentros el no poder costearse un carro la alarma del despertador sonó, así tenemos a Juan aturdido y adormilado, todavía pensando en su extraño sueño de gordos y tipos malolientes cuando su madre lo llama para que se levantara de una buena vez, que se hacía tarde para ir al colegio. Este era el pensamiento melancólico de Juan, de un día normal en su juventud, además también era uno de los pocos recuerdos que le quedaban gracias a su avanzado Alzheimer, pero ahora está viejo y enfermo en la cama de un hospital, es curioso ya que en su juventud siempre le gustaba imaginarse así mismo en un futuro ya de adulto y ahora que ya pasaron los años, cuando está mucho más mayor intenta recordarse así mismo de joven, esfuerzo inútil y en vano pues él ya casi olvidó al mundo y el mundo ya casi lo ha olvidado, a veces alguien piensa en su existencia, por la mente de otros pasa un fugaz pensamiento “¿qué será de él?” pero ahí queda todo, en una simple divagación. Ese y otros males aquejaban a Juan el último día de su vida, en donde lo despidieron su familia y amigos dejando una gran sensación de vacío en todas las personas que lo querían, recordaba su hija mientras miraba la tumba del que era su padre, una orquídea deja en el suelo, después se aleja con lágrimas. Con esto el escritor termina su pequeña prosa y, pensando en su imaginario Juan y en el nombre tan corriente que eligió para este, no sabe si con este final su narración esta completa, pero ya está muy cansado y con ganas de dormir así que apaga su computador, se levanta del escritorio y se dispone a acostarse.

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