3 de noviembre de 2016

Concurso cuento corto: JAULA AGONIZANTE



JAULA AGONIZANTE Seudónimo: Toño

Afuera hay sol.

No es más que un sol

Pero los hombres lo miran y después cantan.

Alejandra Pizarnik.

1

Entraste porque no soportabas otra noche afuera. Las miradas felinas eran cada vez más profundas, esos ojos dilatados surgían de la nada para amenazar tu identidad. Es el padre de la idiota, murmuraban al verte. La verdad es que ella saltó pensando que ya podía volar y no lograste impedirlo. Maldición, siempre dijiste que todo era posible; ella te creyó. A quienes te la recordaron los golpeaste con rabia, pero aparecían más y ganaban la batalla con la autoridad de sus serviles cuchillos.

Otra noche afuera hubiera sido el fin. La jaula se perfiló como el perfecto lugar de reposo, pensaste recuperar fuerzas y salir a removerles de la boca las injurias dichas sobre tu niña. Ejecutas el plan cada mañana, si lo haces de noche seguro te matan. Pero son muchos, te tomará tiempo; no importa.

La jaula ya tenía dueños. Ninguno de ellos decidió echarte, quizá te vieron inofensivo. Al amanecer te despertaron los ojos de una joven que cantaba. Ella fue hacia ti, alegre, y dijo llamarse Azula. Te presentó a Loro y al viejo Águilo; el primero apenas pudo toser, el segundo dio un grito eufórico. Los tres te agradaron. Cuando no vuelva, pensaste, al menos alguien me extrañará.
2

Los rayos del sol desaparecieron la oscuridad. El tierno mirar de Azula se alzó hasta las nubes, pronto aparecería entero el astro que ella tanto adoraba.

Buenos días, Búho gritó.

El nuevo, Búho, hizo una reverencia al tiempo que respondía con amabilidad. Azula fue a hacia una esquina de la jaula y empezó a cantar. Los baldes, vaciados por completo el día anterior, estaban llenos de agua. Loro miraba las plantas del jardín.

Sabemos lo de   tu        hija.

¿Y?

Lo sentimos mucho dijo Águilo, mientras acariciaba su barba de nieve.

A mí ni me importa añadió Loro.

Búho hizo un gesto de fastidio, pensaba levantarse y golpear a Loro. El anciano Águilo lo detuvo con una mirada de compasión, luego tosió.

Tuviste suerte de encontrar nuestra jaula abierta. La semana pasada fue la primera vez que abrieron en tres años ―dijo Águilo―. Siempre me he preguntado quién abre las jaulas y llena los baldes

¿Se el sol? ―pregunBúho.

No, el sol no es. Debe haber algo más arriba, algo más poderoso y digno de veneración…

Aquí vamos de nuevo
 
―interrumpió Loro.

Tres años es mucho tiempo
 
dijo Búho. Águilo asintió.

Y ahora abren a diario, parece que estuvieran esperando que te fuerasdijo Loro.

¿Por qué no te vas tú?

Yo vivo aquí.

¿Acaso te da miedo salir?

Claro que no.

Entonces hazlo.

¿Para qué?

Por mi respeto.

No lo necesito.

Pero en el fondo lo deseas. Loro bala mirada, era verdad.

Hay pájaros transparentes afuera. ¡Vuelan! Los rayos del sol caen sobre sus ojos y los hacen llorar, entonces es cuando los veo. ¡Ay, el sol, el sol! ―cantaba Azula.

Loro seña a Búho antes de irse. Águilo tosió como si algo se desgarrara en su interior.
3

Loro regre sombrío y golpeado. «Nunca volve a salir», me dijo. Preguntarle la razón hubiera sido tonto. Lloraba. Me abrazó con ternura. Fue hermoso, hasta que descubrimos a Águilo muerto. Lo enterramos en silencio, nuestro jardín fue su última morada. El día siguiente encontramos un libro junto a las plantas, Loro y yo lo leemos por las tardes. Es la historia de un proceso extraño realizado en contra de un hombre también extraño. Vamos en la página ciento veinte, y creo que a Josef K. lo juzgan por el simple hecho de vivir…

Loro dice que resplandezco cuando le canto al sol, pero cree que Josef K. va a morir; aún conserva un poco de su antigua insensibilidad, solo un poquito. Búho se destruye sin piedad. Todas las mañanas, cuando se abre la jaula, sale y regresa golpeado. Es igual siempre, disfruta su propia ruina... Yo siento lástima por él. «Pobre, si supiera que su hija voló hasta el cielo luego de morir», dijo Loro. «Esta agonía de la vida solo deja de existir cuando tú cantas», añadió.

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