24 de octubre de 2017

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17 Welcome to Locombia!






Welcome to Locombia!

-Señor, me gustaría saber su nombre, su edad, y cómo llegaron ustedes a esta prosperidad idílica.

-Mire joven, mi nombre y mi edad no importan, lo que necesita saber es cómo funciona el sistema electoral del ex-presidente mermelada. La idea fue tan revolucionaria que se ganó un nobel por eso, y no es para menos, nos sacó del tercer mundo y nos puso entre las naciones más prósperas. Ahora muchos países quieren copiar el método esperando resultados similares. Seguro su país es uno de esos ¿no?

Todo empezó con la reforma a la constitución. En mis tiempos, los tarjetones electorales solo mostraban dos colores ¿si me entiende? eran azul y rojo, el poder lo tenían solo dos partidos y ellos ponían los candidatos. Eso significaba que el día de la votación uno podía elegir entre tamal y sancocho, a veces entre arroz con pollo y albóndigas, pero todo fue diferente después de la enmienda. Según las nuevas leyes, cualquier ciudadano podía fundar un partido político y competir en cualquier contienda electoral. No hay límite, uno solo puede conformar un movimiento y batallar por su cuenta en las urnas.

Lo que nadie anticipó fue que la compra de votos aumentaría. El primer año no hubo mucha diferencia, los candidatos distintos a los de los partidos tradicionales fueron pocos, pero triunfaron y sentaron un precedente, mostraron que se podía ganar. Dos años después en la elecciones presidenciales hubo 1230 candidatos. Nadie sabía qué hacer o por quién votar. Ni los más ilustrados expertos pudieron predecir los resultados.

Quien ganó esa vez fue el señor de las guayabas. Unos gringos le cancelaron a última hora un enorme pedido de dulce así que se inscribió como candidato. Tras aliarse con un vendedor de lácteos (quien sería después el vicepresidente) repartió dulce con queso por todo el país y se hizo tan popular como las comidas para microondas del ex-presidente motosierra. Más de uno estuvo a punto de volverse diabético por tanto soborno y, aunque algunos no disfrutaban mucho el dulce, al final fueron más los amantes al azúcar y don guayaba ganó con poco más de la mitad de los votos.

Por supuesto ya nadie le dice don guayaba, ahora es el honorable ex-presidente guayaba, último presidente en llevar un apodo no relacionado con dinero. La razón es muy simple, después de que ganara el tradicional dulce las estrategias de campaña fueron más agresivas; la comida no bastaba, para ganar los políticos empezaron a ofrecer plata. El primero fue el ex-presidente luka, sucesor de don guayaba, él te daba almuerzo y mil pesos para un bareto, o una sal de frutas, cualquier cosa que te ayudara a seguir comiendo cuando estuvieras lleno. Su campaña fue tan efectiva que después de su gobierno, cuatro años más tarde, las comidas se olvidaron por completo y se compraron votos solamente con dinero, mucho dinero. Esa vez nos inventamos las subastas de votos ¿si lo ha escuchado?

Fue así como una elección después ya estábamos en el gobierno de “el banquero”. Ese nos dio un millón a cada uno y después nos dieron 100 millones en la siguiente elección. Bueno, eso nos dio el ganador porque uno también podía arrancarle unos milloncitos a los demás. Esos tipos terminaron siendo los más pobres, todos, ganadores y perdedores, ¿qué bolsillo aguanta ese trote?

Mire que aquí somos muy nobles, sobre todo la gente de la costa. En el puerto, que era donde mejor sobornaban, hicieron megacolegios, parques de diversiones y un acueducto de tubos dobles, uno paraagua común y el otro para mercurio. El último alcalde lo construyó para que los porteños pudieran explotar por su cuenta el oro que arrastra sus ríos. La gente quedó tan agradecida con su labor que una noche le rompió los vidrios a las casas de los dirigentes. Al principio ellos se asustaron claro, pensaron que eran piedras lo que tiraban, pero eran lingotes. Se les había acabado el dinero por traer el famoso circo de elefantes blancos para las fiestas. El pueblo lo sabía y no podía permitir que los pobres se murieran de hambre, había que darles algo con lo que pudieran comprar desayuno cuando amaneciera.



Gerente general C.F.C.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen nuestra Biblioteca ¡Gracias por Visitarnos!

Mural del despecho: lo que nunca te dije