Ir al contenido principal

VII Concurso de Cuento Corto; PERDÓN

 

 



No pensé que tirarte por las escaleras podría ocasionarte tanto sufrimiento. Fue un acto instintivo, de esos que no se pueden explicar. Yo estaba ahí, tú a mi lado, casi en mí; las escaleras se desparramaban hacia el precipicio del primer piso; un leve empujoncito, tu ruido al caer; sangre en la cabeza, en las fosas nasales; el bracito izquierdo mirando hacia el sur y, después (decía yo), tu perdón… Se me hacia una broma. Una ligereza de nuestra antigua amistad.

 

-         ¡Eres un imbécil, un asesino!

 

No me acuses. Algo une mi decisión a la tuya. Como aquella noche de agosto ¿recuerdas? en que decidimos dar el salto. No puedes olvidarlo y lo sé. Yo tampoco puedo. Una linda velada ese día. Vino caliente en la azotea del apartamento de Julio, muchos amigos… María, tu mujer, inquisitiva nos miraba mientras entonábamos, recurrentemente, el son del brindis. Ya ebrios, en la magia del momento, sentados en el muro del mirador nos dejamos caer. Te rompiste una costilla y yo también. De tu cabeza manaba sangre a borbotones y mi sangre había empantanado ya la calle. Tu cuerpo, quieto, en una posición elástica; el mío, sin responder a mi exigencia de movimiento, dormitaba en una conciencia difusa de mí y de ti. Todo era rojo por la sangre y conforme pasaban los minutos, todo se pintó de negro.

 

-         ¡Eres un imbécil, eres un asesino!

 

No, no más, no grites más. No puedo soportar tu palabrería de indignado. Sospecho que tus acusaciones han alertado a los médicos de este lugar. Ellos actúan a mi lado como en presencia de un loco. Exceptuando, eso sí, al doctor Poe, adicto a cambiar el nombre de sus pacientes -a mí, por ejemplo, me llama William Wilson, en otros momentos Jekyll, en otros Hyde y en los últimos días, Tyler Durden- todos me fatigan con sus ojos indiscretos y sus auras de superioridad racional. Tú sabes que no soy indolente. Tirarte por las escaleras fue solo una broma. El loco eres tú que te resiste a perdonarme. La tuya es una locura ventajosa. Te aprovechas de la autoridad que te da ser la víctima y conviertes a todos en victimarios para obtener poder.

 

-         ¡Eres un imbécil, eres un asesino!

 

Ahora estoy aquí, contigo, que dormitas en el cuarto del frente, enloqueciéndome con tu cantaleta. Celoso de que María, tu mujer, me dedique tanto tiempo.

 

Por ella te mataría hoy mismo si no nos distanciara este espejo.


Comentarios

  1. hola una pregunta yo entendido que la premiación se daría a partir de noviembre pero este cuento está subido el junio 21, ¿qué sentido tiene esto? Gracias de antemano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si todavía no sea premiado me gustaría saber cuándo va hacer la premiación

      Eliminar

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen nuestra Biblioteca ¡Gracias por Visitarnos!

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...