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Quinto Concurso de Cuento Corto: APOCALIPSO

 




APOCALIPSO
 
Se hacen cosas para escapar de cosas. De vos. Del tiempo y lo cotidiano. De la vida que se repite. Desazón. Aún más profunda ¿Viste la noticia? ¿Lo puedes creer? Esto cada vez se parece más a Brazil (1985) ¿Y a dónde van los jóvenes? Si ya no tenemos espacios donde los tombos no metan las narices. Pero no esperaba esto. Ser sacados con urgencia. Como un berrinche que hay que solucionar. Fue infantil…

Nada podíamos hacer ante las fauces del “aparato burocrático administrativo”. Nada más allá de poner a unos bajo el sol. Mientras otros (la policía) nos esperaban a quinientos metros debidamente formados. Equipados y coordinados. Esperando una orden para acabar esta mierda e irse a dormir. Debidamente formados. Oportunamente racionales.

Y tome su bolillazo hijue´puta. Chille perra…

Y siento que quedaron muchas cosas por decir. Que el tiempo revelará la palabra. Que no estamos en condiciones para hablar. Que volver sería gastarse. Podría quedarme aquí. Morir otro rato entre humos y esencias ¿Fumarme la noche sería descabellado? Es decir; trillarla Una vez triturada enrollarla en un lillo y fumarla como se fuma cuando se está solo, y las horas pasan como lentas nubes de fuego.

Y pensar que estuvimos ahí. Que vi a la gente correr al primer atisbo del batallón. Que nunca fuimos tan fuertes. Que el miedo es cosa seria. Que las noticias no cesan: ya te enteraste que la cuchita de los jugos se murió. Que el toque de queda comienza el viernes y termina el martes. Que las calles están solas. Que a univalle entró la tomba. Y así te lo resumo; nos estamos muriendo de soledad. Otra dolencia que se nos suma entre tanta mierda. A tanta muerte rondante.
 
Se hacen cosas para escapar de cosas, para escapar de ti. No se otra forma. Corro cuando tengo miedo. Entonces cómo no correr si nos superan en número, en tamaño, en fuerza.  Y los gritos no son barreras porque la orden ya está dada. Y nuestro destino, como si jamás hubiese dependido de nosotros, ya está marcado; volver a casa. Con la cabeza a gachas, mondado y preguntandose ¿A donde voy?

Darte cuenta que vas por el camino largo. Que no quieres volver. Que esperas encontrarla en la calle. Saludarla he invitarla a un vino. Que siempre es un hasta luego. Que en últimas escapas porque si. Porque no puedes pedirle que te quiera. Porque bebe, usted tiene su libertad y yo la mía, y eso es lo único que nos queda.
Ahora pienso que la libertad son los otros. Que es algo nunca nos pertenece del todo. Porque nos vamos quedando de a pedazos. De recuerdos. De situaciones y experiencias. Recordar es vivir de nuevo, cada vez con menos gracia.

Entonces date una nueva vida. Algo que altere el alma, o que por lo menos la entretenga.

Somos extraños en una ciudad que creíamos a nuestro acomodo.
Mire hacia arriba. No de la espalda. Leche en los ojos. Agua con bicarbonato. No se frote. Resista.

Para entonces ya sonaban las rocas. Las Aturdidoras. Los gritos saliendo del humo lacrimógeno. Y la ciudad prendida hace dos días y esto no lo para nadie. Ni la lluvia. Ni el frío. Ni la soledad. Ni la metralla.  Porque afuera se era todxs en una llama que parecía  volver cada vez con mayor fuerza. Porque sabíamos que estábamos ahí cuando se lanzó el primer gas y la primera piedra. Porque era preferible quemarlo todo ante una vida sin lugares a donde ir. O en su defecto quemarse en el intento.

Espero verla al final de todo esto cuando el tiempo nos haga cenizas en la memoria.

O mejor ahora. “Esta casa es mía/tumbenla/tumbenla/pero que tumbenla” canta y corea un grupo de personas en medio de la multitud. Puerto resistencia.  Yo  sin sentido. Entregado a  la pasión común. Ese afán por escapar de casa. De ver la calle tomar otra vida y de paso vivir un poco. Porque en el fondo muero de soledad y sigo viviendo como todos. Como otro día de menos en que no estarás. Como otro día donde la única razón es resistir los embates de una vida que se nos niega. Cali nos mata, pero seguimos vivos.

Tu ¿ Aun vives?

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