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Quinto Concurso de Cuento Corto: Plurales y singulares fuimos

 

                                



      Plurales y singulares fuimos

Plasmada en la habitación, como una pintura en medio de una exposición de arte, se hallaba Louisa, cuando él le dijo: -déjame dibujar tus ojos y sentir tu cálido despertar. Ella, una mujer introvertida, dueña de sí misma y aun de su retrato, se negó ante la propuesta que Gabriel le hizo. Pero bien sabía ella que no era una propuesta en sí, sino una orden. Esa oración imperativa fue la que desentrañó en ella, absoluto desinterés y deseos de marcharse aquel día.

Entre juegos y azares del destino, el viento mezquino que recorría el parque de la plaza Caicedo fue testigo de esa desamistad que los unía. Ese ser y no ser, el aceptar lo que no sería. Entre herramientas en un consultorio clínico, pacientes que requerían ser atendidos, traumas oculares, iris extrusivos, trasplantes de corneas, cuerpos extraños en globos oculares y glaucomas por resolver que habitaban la cotidianidad de él, ella pasó a ser un nubífero espejismo.

Louisa, quien admiraba los latidos y sensaciones cuitadas que Gabriel constantemente encendía en ella, sin mirar atrás decidió escribirle algunas letras, palabras, reflexiones que él no leería:

- Al hablarte por primera vez, fui indiferente ante la amistad que se interpondría entre nosotros. Aquella que motiva mis nostálgicas noches y me visita en cada amanecer. Gélidas palabras invadieron mis pensamientos al visibilizar nemorosas verdades. Tu afán por hallar hipótesis, cumplir objetivos, buscar explicaciones a experimentos que te apasionan, así como la formulación de principios y causas de las calamidades que aquejan a tus pacientes, se ocuparon de abrir una brecha entre lo que pudimos ser y lo que no fue. Pero ¡qué necia soy! ¿Cómo creía cada palabra que me decías? ¿por qué no pude trascender lo “palmífero e invisible”?

Pasadas cinco horas de planear y trazar ciento tres palabras ignoradas, incluso antes de ser dibujadas en el pergamino que guardó en el buzón de Gabriel, Louisa regresó a mirar sigilosamente la reacción que él tendría al leerlas. Pero, no halló respuesta a su incertidumbre. Durante las veintidós horas que vigiló la portería, él no llegó. Se decía a misma: - ¿le habrá sucedido algo? ¿por qué no llega? ¡está tardando demasiado! Y cuando el cansancio la estaba venciendo, un automóvil se detuvo frente a la casa de él y noctívagas sombras se acariciaban en su interior.

Louisa solo recitaba en su mente aquellos poemas que, en su habitación, acompañada de lágrimas y suspiros creó para aquel que no leería siquiera sus títulos. Entre esos poemas se hallaban:

 Abecedario de sentires

Cabalgar armisonantes despedidas,

transitar astríferos lunares en tu rostro,

descifrantes nostalgias envueltas en una médula tardía. Seguir surgir simular verte aquí,

entre de nebulosas palabras olvidadas.

Algentes palpitares, respuestas de incesantes suspiros. 

Apolíneos encuentros, cómplices nuestros.

Zeusianas sensaciones entretejiste mi existencia. 

Heranas esperas, símbolo de lo intransitado.

Hefestianas soledades,

al compás de lo imaginado.

Artemisianos sentires despiertos en noches indomables.

Sospechas persistentes tarareantes insusitadas abanican espejos reflejados en la acompañada soledad. Soledad de sombrías moscas entradas.

Expectativas inalcanzables, universales célicos.

Canciones habitantes

Ignívomos navegantes,

Ignívomos Lost on You contestatarios

 Ignívomos The One That You Love.

Igníferos Nothing Left To Say,

Igníferas respuestas entre paredes taciturnas.

Ruidos silenciosos

Luces entre caminos silenciosos. Los nuestros, cabellos dorados.

¿A caso estás entre mares navegados? Tuyas, palabras certeras.

Pupilas dilatadas en destinos indescifrables. Caminos transitados como páginas inolvidables. Escucharte, palpable latencia ausente.


Mirarte, luminiscente presente. 

Quédate en memorias olvidadas.

Descúbreme en medio de luces reflejadas.

 Luces entre caminos silenciosos. Los nuestros, cabellos dorados.

¿A caso estás entre mares navegados? Tuyas, palabras certeras.

Pupilas dilatadas en destinos indescifrables. Caminos transitados como páginas inolvidables. Escucharte, palpables latencias astríferas.

Mirarte, luminiscentes  esferas. Quédate en        recuerdos olvidados.

 Descúbreme en medio de     abismos reflejados.

Al pasar página a los recuerdos de poemas que invadían a Louisa, ella caminó hacia el puente peatonal que atravesaba la calle quinta en la ciudad que acobijó sus entrañables deseos por un amor inconcluso que la abatía y se hizo una con el pavimento que la recibió con tenues palabras entre un quizá y un nunca más, como respuestas a sus esperanzas pérdidas ante globos negros y humo rosa.


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