Ir al contenido principal

VI Concurso de Cuento Corto: LA MANO BLANCA



Salieron como si nada hubiera pasado. El Hombre Blanco, dueño y rey de todo lo que se atraviesa frente a sus ojos, se llevaba esta vez un botín mucho más grande. No solo son tierras fértiles, no solo son familias, no solo son recursos naturales. A la sombra de la impotencia y la pasividad de los astros que alguna vez se hicieron llamar dioses, se enfrenta la humanidad una vez más al más cruel de los deseos del hombre: la codicia.

 

Dakota y su familia han vivido por generaciones de los bienes que les entrega la madre tierra. Han perseguido al Búfalo en su trayecto hacia el sur, cazándolo para comer y protegerse con sus pieles. Son largos años los que envuelven a una cultura que fue construida por la tradición. Lo que Dakota nunca se imaginó, es que esa figura maligna en los cuentos que su abuela le contaba cuando ella era una niña, iba a tener rostro. Peor aún, jamás se imaginó que su abuela estaría tan equivocada en la descripción del mal, porque Dakota nunca había visto un rostro más blanco en su vida. En las planicies y como llegados de la nada, así se apareció el Hombre Blanco.

 

¿Cómo es posible que haya tanta maldad en esos ojos color azul como el cielo? Es la pregunta que Dakota jamás pudo responder, pues no mucho tiempo después de la primera visita, estaba huyendo junto a su familia, completamente desorientada, sin saber a dónde iba y con el invierno a la vuelta de la esquina. Dakota supo que todos iban a morir, bien fuera por hambre o por frío. El Búfalo estaba ya lejos de su alcance para poder refugiarse con sus bondades. El Hombre Blanco bien se encargó de desterrarlo de estas tierras.

 

Sin embargo y a pesar de la gran tragedia, Dakota no se rinde, por su historia y la de su familia. Por su legado y la voluntad de que sus hijos alguna vez sean líderes de la aldea. ¿Cuál aldea? Si algo quedaba de su pueblo indígena eran cadáveres. Los mataron casi a todos, no tuvieron piedad. Violaron a las mujeres y niñas. Mataron a los sabios ancianos cortándoles la cabeza. Torturaron y despedazaron a los valientes hombres que se rehusaban a ver cómo su comunidad caía ante la blanca mano, esa maldita misma blanca mano que muchos años después se iba a levantar contra toda aquella raza que no fuera la suya, que iba a destruir el mundo poco a poco por la avaricia y el deseo de tener más y más. Pero esa blanca mano era astuta y años más adelante iba a disfrazar la humillación y la indiferencia de inclusión. Nos iba a hacer creer a todos que estábamos mejorando, mientras relojes de oro colgaban de sus muñecas, producto de los fajos verdes que siempre se repartieron entre unos pocos mientras los demás nos moríamos sin poder hacer nada, mientras mataban nuestro planeta calentándolo hasta sus entrañas.

 

Dakota decide tomar la decisión más valiente de su vida. Producto del amor por su familia y del dolor que les quiere evitar. Dakota aguarda a la noche, quizás la última del otoño. Sabe que no puede pensarlo más o se arrepentirá. Ella sabe muy bien los rituales de sacrificio del Búfalo, los ha presenciado toda su vida. Esta vez, ella tomará el lugar del sagrado animal. Esta vez ella saltará, no forzada -como lo hace el Búfalo-, sino voluntariamente. Porque sabe que la llegada de más seguidores del Hombre Blanco es inminente. Porque sabe que se llevarán a sus hijos, sabe que les impedirán hablar su lengua nativa, sabe que les forzarán a aprender la suya, sabe que los maltratarán y les impondrán una religión al tiempo que los “educan” para servir rudimentariamente a la mano blanca. Sabe que después pedirán perdón, pero para ello será ya muy tarde.

 

Cae la noche, Dakota toma el rol de su abuela y es ella quien les cuenta a sus hijos una leyenda. No están lejos del acantilado. Dakota los toma en brazos, están profundamente dormidos. Piensa en todos los dioses en los que alguna vez creyó. Piensa en el sagrado Búfalo.

 

Salta al vacío.




Comentarios

  1. Hermoso cuento. Aunque triste a la vez dura realidad.

    ResponderEliminar
  2. Una historia muy linda, triste pero llena de mucha realidad. Y qué tristemente aún seguimos viviendo en nuestro tiempo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen nuestra Biblioteca ¡Gracias por Visitarnos!

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...