Ir al contenido principal

Quinto Concurso de Cuento Corto: El último día

 




El último día

 

Eran alrededor de las 4 a.m. cuando Ceferina se levantó del suelo despiadado y carente de comodidad sobre el que había decidido inconscientemente dormir. La noche anterior al día que presagiaba una última vez en su tierra, se la había pasado organizando cuanto objeto le fuera útil en el viaje al que tendría que someterse. Escudriñó cada rincón de su casa, incluso los lugares más olvidados, en busca de tesoros que nunca tuvo. Buscó con esperanza, segura de que sus santos no la desampararían y le enviarían algo con lo cual sobrevivir algún tiempo. Y así habría amanecido, si no hubiese sido porque, en medio de su llanto, cayó sobre la superficie que su cansancio luego acogió como un lugar digno para descansar.

 

Cuando una semana antes, hombres armados con fusiles anunciaron que tomarían su pueblo, ni los árboles de su patio se habían preparado para proveerla de frutos. Estaban recuperándose de un mal invierno y sus hojas perdidas apenas empezaban a crecer de nuevo. Ella llevaba meses notándolos tristes, como si supieran con anterioridad de su indiscutible partida, pero no fue hasta esa ocasión que lo entendió.

 

Previo a la noticia, Ceferina sentía ser una mujer afortunada. Su hogar natal estaba en medio de la nada y lo tenía todo. A él lo rodeaban ríos escandalosos y desde su suelo la vida daba aliento a plantas de todo tipo. Era además el refugio de aves, insectos y ranas, que con su cantar, zumbar y croar, advertían que aquel era su territorio. En efecto, su pueblo lo tenía todo, pero no dejaba de ser uno de esos muchos lugares en los que, si bien la naturaleza lograba reclamar lo que siempre había sido suyo, permanecía callada ante quien violentamente se autoproclamaba su dueño.

 

Ceferina quería pensar que no estaba sola, aunque esa fuera la verdad. Era consciente de que conocía a muchos, pero estos no dejaban de ser solo eso: conocidos. Nunca creyó que fuese necesario generar más lazos del que ya compartía con quien, minutos antes de la llegada de los intrusos, era su esposo. No lo admitía, mas siempre estuvo equivocada. Igual, a fin de cuentas, quizá eso ya no importaba. Ya era suficientemente doloroso recordar que a su amado José lo habían matado frente a sus ojos, después de rehusarse a aceptar que los despojarían de su terreno.

 

El último día que miraría el amanecer desde su pueblito, no iba a ser muriendo de vieja como ella solía proyectarlo, sino huyendo de él. A eso de las 5 a.m., después de añorar tiempos pasados, tomó las dos bolsas con sus pocas pertenencias y abrió la puerta de su rancho. Esa mañana hasta el aire se sentía desolador. Quiso tumbarse un momento y pedir de rodillas al cielo que la salvase, pero a unos escasos metros ya pitaba la chiva que la llevaría hasta su nuevo destino: la ciudad. No había vuelta atrás y, sin la menor idea de cuánto resistiría en ella, tendría que arreglárselas.

 

Adentrada la noche, ya caminaba por las calles industrializadas que siempre evitó. La injusticia era demasiada y la rabia la consumía por dentro, pues su tierra, aunque hermosa, mientras tanto era abandonada y desechada. Allá la gente seguía desapareciendo, siendo torturada y asesinada, pero parecía ser que en otros sitios la vida aún podía continuar su rumbo. La abrumó la frustración de haber nacido pobre, campesina y sin una voz válida. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero al instante las retuvo de caer. No lloraría frente a los edificios de la ciudad indolente e indiferente que estaba presenciando. A su muerto y a su madre naturaleza nunca los olvidaría, pero debía continuar.

                                                                        Yulián.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...