Ir al contenido principal

Quinto Concurso de Cuento Corto: Midiendo calles

 




Midiendo calles


Aquel era el primer día en su nuevo trabajo, por eso Juan llevaba su mejor ropa. Los zapatos de charol que había heredado de su padre, el reloj que había pasado de generación en generación desde su bisabuelo hasta llegar a él y la maleta que había comprado su madre, fruto de los ahorros que había acumulado de lavar la ropa a algunos vecinos del sector, para permitirle a su hijo llevar sus cuadernos sin peligro de mojarlos, pero que en esta ocasión almacenaría los ricos alimentos que había preparado ella en la mañana, en medio de apuros dados por su hijo que no quería llegar tarde a ese anhelado día.

 

Subió a su Monareta, con cuidado de no golpear el marco para no terminar de dañar la pintura y puso su maleta en la canastilla. Llegó justo a tiempo y fue recibido por su supervisor quien con mirada penetrante y voz ronca le dijo que ese era su nuevo uniforme, mientras le entregaba una gorra, una camisa de manga larga, un pantalón y su metro. Todo esto quedaba a partir de ese momento a su cuidado y de perderse o dañarse algo, sería descontado de su salario a fin de mes.

 

Juan guardó la muda planchada y pulcra en el locker que le asignaron, se puso el uniforme para luego dirigirse a recibir las instrucciones de su trabajo.

 

Mire joven, esto es muy sencillo, prosiguió sin vacilación el supervisor, usted coge el flexometro 51N3RR0R35 5000, lo extiende hasta su máxima capacidad, procede a ubicarlo en el piso, marca el punto de inicio, acciona el seguro que evita que se repliegue, se dirige hasta el final y marca el punto, posteriormente regresa, recoge la herramienta, se dirige hasta la marca final y repite el proceso. Así hasta llegar al puesto de control que se encuentra más adelante. ¿Le quedó claro?

 

-Sí señor. Y ¿a qué distancia queda el punto de control? -preguntó Juan

 

-Preocúpese por marcar correctamente los puntos que le indica el flexómetro - respondió toscamente el supervisor

 

-Y si no he terminado de aquí a las 5, ¿puedo continuar mañana desde el mismo punto?

 

-No

 

-Pero...

 

-Es suficiente de preguntas, empiece para ver si logra terminar a tiempo

 

El supervisor se fue sin despedirse y sin esperar la nueva pregunta de Juan.

 

Tomó su maleta y su herramienta y se puso en marcha a realizar su labor tal cual se lo indicaron.

 

Se dispuso a seguir los pasos que se le había enumerado. El sol se encontraba ya calentando el cemento en una forma constante y Juan lo sentía, pero podían más sus ánimos por trabajar, así que se dispuso a extender el metro, pero este no se extendió más de 30 cm.

 

Haló y haló para que se extendiera mucho más, pero fue imposible lograr que al menos llegara a extenderse un metro para que ese aclamado y muy valorado artilugio hiciera honor a su nombre. No intentó más por miedo a dañarlo y marcó donde indicaba

 

Con el avance del día, y del camino, Juan se dio cuenta que la distancia de extensión del metro ahora era mayor a la de un metro de longitud. Esto lo notó mientras llegaba a recogerlo para disponerse a almorzar, ahora marcaba 10 metros 55 cm. Midió de nuevo, 12 metros 30 cm ahora. 30 metros en la siguiente medida. Observó el camino recorrido y notó la distancia entre las marcas rojas, cada vez más juntas a la distancia, y veía también la calle mucho más limpia a lo lejos, casi como un espejo que iba en degradé hasta donde él estaba. Ahora se encontraba entre casas desvencijadas y calles polvorientas, más adelante en el camino, la calle sin asfalto se rodeaba de casa de madera y tejas de latas reusadas. Era el camino hacia su casa, no lo había notado. A sus pies cayó un periódico que decía en letras grandes en primera plana “Oxígeno más tóxico y nocivo, se instalarán purificadores de aire”. Atravesando la calle en la que se encontraba, había más marcas hechas por otra persona, en cada una se habían instalado una de las máquinas que aparecía en el periódico. Era el futuro en marcha.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

BiblioExperiencia: Manuel López Izquierdo: el escritor del futuro

Leidy Xiomara Ponce Castillo Autora: Leidy Xiomara Ponce Castillo Estudiante Es un poco confuso lo que enocasiones se le ocurre a los hombres. Unos creen que con el hecho de madurar indican sabiduría. ¡Qué error! La gente se pone más tonta porque esconde al niño para sacar al hombre Lexi P11 Esta frase podría definir la vida e historia de Manuel López Izquierdo; aunque nadie hubiera dado un centavo por él, es hoy por hoy un escritor de cuentos infantiles. Sus libros desde hace poco han logrado introducirse en muchos hogares de nuestro país, y piensa extenderse en otros países como Chile, Ecuador y México. Manuel López Izquierdo un hombre que desde hace 48 años habita este planeta con el fin de disfrutarlo; apasionado por la vida y por todo lo que está a su alrededor, le encanta escribirle a la muerte, al anciano que estuvo y ya no está, a las mujeres y su profundo sexto sentido, a la sociedad, la naturaleza, al canto de las aves y hasta al r...

VII Concurso del cuento corto, MI GRAN AMIGO EL SICARIO

  Alex es un niño de tan solo nueve años, juega todas las tardes en su bicicleta con sus amigos en el parque de sol a sol. Viven de lo que su madre consigue algo escaso, pero con amor. Su madre trabaja de casa en casa, deja a su niño en la escuela, rumbo a la odisea, camino al apuro de tenerle en la mesa un buen manjar, estregando, estregando Teresa quiere que su niño vea ese esfuerzo, el de trabajar.   Ya es mediodía, Alex sale de la escuela con amigos y sonrisas a sus casas van a dar, llega a la suya encontrando a mamá con un buen plato de comida que se sientan a disfrutar.   El reloj marca las cuatro, una tarde agradable, Alex llega al parque donde se encuentran sus amigos, juegan, se divierten. Se pone dichoso al ver llegar a su mejor amigo, ¡hola! Juan, mi parcero como vas, crecieron juntos en el barrio, desde muy chicos se hicieron hermanos. Alex y Juan junto a los parceros, salen en las tardes todos los días a contarse historias y a olvidarse de su realidad...