Ir al contenido principal

VIII concurso del cuento, REPOSO

 REPOSO

Podía sentir la arenita del fondo lastimándome los pies mientras veía cómo la vida se me iba escapando en pequeñas burbujas que me abandonaban el rostro para flotar felices hasta reventar en la superficie. Lo que más me gustaba del miedo era que me alejaba de la posibilidad de perder la vida, porque a mí vivir me gustaba mucho; más ahora, que me querían quitar el privilegio de hacerlo. Y aun ahí, viendo cómo la luz atravesaba el agua y se distorsionaba repetidamente con cada movimiento desesperado que hacía para sobrevivir, me sentía absolutamente feliz. Porque yo siempre viví muy feliz lejos del riesgo y quizá a la vida le dio envidia de que hubiera aprendido el truco de conformarme, inquebrantable, en mi corralito de algodones. A lo mejor, cuando uno entiende bien cómo vivir, pierde el privilegio de hacerlo y a mí quitarme esa agotadora carga de estar dudando todo el tiempo, me tenía varios metros lejos de recuperarlo. También era bien probable que el monólogo que estaba sosteniendo pudiera canjearse para otros diez años. Y no podía saberlo, ni si podía, ni si quería, porque la capacidad que había adquirido de ser feliz se había trasladado a ese momento, en el que lo único en lo que era válido pensar era en el ardor que me abrazaba los pulmones. Pero a mí me gustaba más mi pelo flotando frente a mi cara que saber por cuántos segundos podía perpetuar tanta paz. Yo sí creía que la respuesta detrás de todo estaba en la envidia que me tenía el destino; sobre todo porque, cuando ya se me estaban encalambrando las piernas y se me había llenado de agua la boca, alguien me haló del cuello de la blusa para quemarme la cara con la luz que se le filtraban a los árboles inquietos por la brisa del mediodía.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...