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Cartas al desamor: "Días presentes"


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Días presentes
(Autora: Macabea)


Profe,

Se fue sin avisarme, como siempre. Me enteré porque alguien llamó a preguntarme los detalles de su funeral y cómo habría preferido que dispusieran de su cuerpo y dije que lo cremaran. No sé si así se hizo. Con los días, supe que usted agonizaba por una falla renal mientras yo veía en televisión la elección de la señorita Colombia, imaginándolo hacer lo mismo porque sabía lo mucho que le gustaba ver muchachas en vestido de baño.

Luego de la llamada llegué hasta la oficina, busqué las dos libretas azules y el calendario que nunca usó. En mi casa quemé las cosas, no en una pila como se quema la basura sino hoja por hoja, como se queman los recuerdos. Después me encerré.

En cinco años todo lo necesario fue dicho entre nosotros, aun así, si pudiera devolverme a algún día de su historia, regresaría al último viernes para verlo sonreír y decirle adiós con la mano. Decirle que no importa, que lo siento, que hasta siempre. Y que lo quiero. Y que vamos a seguir siendo usted y yo. Y que no se olvide de mí. Y que nos reuniremos alguno de estos días a mediodía para almorzar, como siempre. Cuando corresponda, y por primera vez en su muerte, por favor procure llegar puntual.

Le escribo estas letras acomodadas porque me es difícil abandonar la costumbre y no se me ocurre ningún otro medio para comunicarme. No he podido localizarlo en mucho tiempo y en su oficina parece que alguien hubiera apagado la luz.

Contrariando lo que usted suponía groseramente, lo recuerdo mucho. Pienso en aquella época en que yo no era para usted más que una muchachita igual a otras cien mil muchachitas. Y usted no era para mí más que un zorro entre otros cien mil zorros. Tal vez soy más vieja de lo que pensábamos, porque estoy empezando a entender aquellas cosas que sólo entiende la gente de su edad. A veces lo extraño por dentro. Me parece que esto de ser domesticada tiene sus desventajas.


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