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VI Concurso de Cuento Corto : UNA CIUDAD CUALQUIERA



Todo brotó de la tierra, las casas y los autos fueron obra de los hombres y mujeres que junto a la naturaleza lograron ser uno”. Lo que acabo de decir es el mensaje que colgaba de nuestros cuellos en placas de acero mientras nos obligan a hacer carros, casas y sus cosas. Un día nos opusimos y nos castigaron, decidimos organizarnos, por todos los sectores se avisó que habría una reunión, ese día todos iríamos en la noche; así no habría sospechas, pero todo fue inútil y a la mayoría los encarcelaron. Pocos fuimos los que escapamos y tuvimos que abandonar nuestras familias y guarescernos en cuevas. Uno a uno fueron llegando más hombres y mujeres, hasta que descubrieron que no eran suficientes manos para sus cosas. Un día quemaron el bosque, hombres y mujeres murieron, al resto nos apresaron y los niños fueron separados de sus padres.


En la cárcel a quienes ya habían apresado los diezmaron en los interrogatorios, y en juicios injustos los obligaron a declararse culpables condenándolos al exilio en las cumbres más altas y frías de la ciudad. Resignados habían construido una comunidad. Esta comunidad estaba constituida por razas de diferentes tipos, así como de diversos orígenes; en donde solamente importaba quien después de horas de discusión era capaz de convencer a todos sus integrantes. Al principio sobrevivir no fue sencillo, hubo muchas discusiones, luego vendettas y así empezaron a matarse por querer imponer al que representaba mejor los intereses de su grupo. Hubo quienes se opusieron a la violencia, a estos fueron los primeros que eliminaron. Avergonzados se decidió buscar la paz, se establecieron reglas claras sobre cómo acceder al poder sin la violencia, esto calmó los ánimos por un tiempo, hasta que las armas se convirtieron en ofensas y las guerras en conspiraciones. Esto produjo que la comunidad decayera, muchos morían enfermos, no había manera de organizarse mientras se luchaba por el poder, a los líderes solo les importaba adiestrarse en las finas artes de la retórica y la oratoria y descuidaron la Salud, la Justicia, la Paz y la educación. El alimento terminó escaseando hasta que se produjo nuevamente una guerra.


Un día llegaron nuevos hombres y mujeres de la ciudad, nos informaron que no deseaban vernos asesinándonos, y que ellos después de mucho pensarlo habían decidido ayudarnos. Decidimos hacer una tregua entre nosotros, hablar francamente sobre el asunto. Unos querían la ayuda de los de la ciudad, otros les temían y la mayoría desconfiaba. Se decidió hacer una votación y se decidió aceptar su ayuda. Al principio fueron amigables, volvió el alimento y los líderes que antes azuzaban a las masas para matarse le temían a la fuerza de los visitantes. Luego empezaron a hablar de la ciudad, predicaban sus virtudes a los más débiles, les contaban que allá nadie aguantaba hambre y todos por arte de magia habían encontrado la manera de estar de acuerdo. Empezaron a surgir voces que reclamaban volver a la ciudad: “que las cosas cambiaron”, “que su destino no sería el mismo de quienes habían iniciado con la revolución” decían.


Primero las voces no fueron escuchadas, luego se intentó reprimirlas por la fuerza, nuestros visitantes nos dijeron que si queríamos su ayuda no podíamos abusar de los que querían regresar. Se citaron asambleas: se habló de patria, traidores, dignidad y desilusión. Nuestros líderes convocaron elecciones y se decidió quedarnos en nuestro hogar. Los de la ciudad se despidieron, hablaron de sentirse defraudados y que sentían no haberse ganado nuestro perdón. Los días pasaron y el hambre volvió, muchos empezaron en la noche a irse, primero fueron solos y luego familias enteras, nunca nadie volvió. Una noche decidí arriesgarme, utilicé la obscuridad de la noche para escabullirme hasta la ciudad. Fui encontrado por los ciudadanos, me vistieron, alimentaron y guarecieron mientras decidían mi situación. Un día me llamaron juntos a otros hombres y mujeres y nos hablaron de Dios, decían que ese mundo era mucho mejor, que en el suyo ya no había cabida, que ellos habían después de mucho esfuerzo construido una maquina capaz de salvarnos. Todos decidimos entrar a la maquina por voluntad propia, todos empezamos a gritar cuando los gases empezaron a ahogar nuestros pulmones, todos caímos dormidos mientras nuestros cuerpos eran incinerados.



Comentarios

  1. Es un excelente cuento, es una síntesis de la esencia humana en su presencia en la.historia.

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