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VI Concurso de Cuento Corto: PERFUME


Después de mucho tiempo, entrás nuevamente a tu casa y sentís su olor a pesar de que ya no está. En algún momento te tildaron de maniaco porque dijiste que sus gemidos deambulaban por allí. Te sentás en los muebles que a ella tanto le gustaban y encendés tu último cigarro. Mientras lo fumás, te das cuenta de que el sueldo en la editorial no te alcanza, pero la verdad es que todo te lo gastás en alcohol y putas.


Terminás el cigarrillo y decidís ver cómo está el lugar. Estando en la ducha, te percatás de que hay hebras de su cabello escondidas en los rincones. Las agarrás, las olfateás y el olor que esperás que tengan, está presente. Una fuerte erección brota de tu bóxer, sacás tu pene, ponés las hebras alrededor de él y te empezás a masturbar. Eyaculás al poco tiempo en esos trozos de pelo que ya han perdido color, pero que todavía tienen ese olor amanzanado que pertenecía a ella. Salís de la ducha y los gemidos no tardan en llegar, lo que provoca en vos unas ganas incontenibles de ir a la 45 y garchar con una puta.


Te vestís y emprendés tu viaje a ese paraíso de enfermedades sexuales. Llegás al lugar y un batallón de mujeres se te abalanza ofreciéndote toda clase de servicios, hoy no tenés dinero así que no aceptás. Seguís caminando, un olor conocido llega a vos y te obliga a seguirlo. Olfateás como un sabueso. Ahí está —te decís extasiado. En uno de los rincones de un edificio, hay una mujer de aproximadamente 35 años, con ojos verdes, pero no te importan, solo te interesa su olor. Llegás a donde ella, respirás profundamente y empezás la conversación.

- Tu olor me hace recordar a alguien.


Tu fuerte nunca han sido las mujeres, desde que ella no está preferís los encuentros casuales que conlleven penetraciones.


  • Me llamo Kavafiana por si te interesa.


  • ¿Cuánto cobrás?


  • ¿Por hacer qué?


  • Un pete y coger.


  • ¿No te da miedo garchar sin protección con una desconocida que huele a manzana?


  • Decime cuánto cobrás.


  • 70 pesos.


  • Tomá 100. ¿Lo hacemos aquí?


  • Subamos a la residencia.


Entrás al cuarto y no se ve nada, pero el olor de Kavafiana te guía. Alcanzás a divisar su silueta desnuda y tu erección se agranda. El olor a orines en ese lugar no es tan potente como el de esa mujer. Kavafiana se acerca a vos, baja tu pantalón y con sus manos frías agarra tu pene a punto


de eyacular. Se arrodilla y lo empieza a chupar. Gemís, gritás, reís. Abrís los ojos y agachás la mirada para cerciorarte de que no es un sueño. Mirás sus ojos con dulzura, ninguna mujer te había hecho sentir así. Cerrás nuevamente los ojos con la certeza de que no estás soñando. Los gemidos de tu exesposa vuelven a tu mente y se mezclan con el ruido que hace Kavafiana mientras te la chupa. Ella termina y te susurra al oído que la penetrés.


La volteás y sin avisarle penetrás su ano. Ella grita, es una mezcla de dolor y placer. Mientras te la cogés, mirás por la ventana y te quedás viendo el amanecer sin darte cuenta de que Kavafiana se está desvaneciendo. El sonido de tu reloj te reincorpora a la realidad, pero Kavafiana no está. Escuchás que alguien te está llamando a lo lejos, abrís los ojos y te das cuenta de que tu madre te está diciendo que vas a llegar tarde a la escuela.


Te levantás, ves que tenés una erección y tu cama está pegajosa. Vas al baño, te cepillás y te lavás la cara. Entrás a la ducha y el agua fría te revitaliza. Te vestís, cogés tu mochila y emprendés tu camino. Pasás por la 45 y mirás que una mujer de ojos verdes sale de un edificio, es ella, es Kavafiana, la puta con la que estabas follando anoche. Te reconforta saber que es real, pero después de un rato de gozo, te desmoronás porque entendés que solo sos un pibe de 13 años que anoche tuvo su primer sueño húmedo.


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