Ir al contenido principal

VI Concurso de Cuento Corto: Olvidé porque estaba triste cuando te conocí




 - ¿De verdad estas seguro de esto?


-Yo… no tengo idea, pero sí sé que esta es una oportunidad que no podemos desaprovechar.


Desde que se abrieron las vacantes para ser parte de las personas que van a las colonias en mundos lejanos, muchas personas vimos esto como una oportunidad para empezar una nueva vida, John me había estado insistiendo en realizar juntos la postulación para intentar ser parte de esos privilegiados.


-Yo aún no estoy del todo segura, es decir, sé que te he dicho en demasiadas ocasiones que he querido escapar de este país hacía lugares con mayores oportunidades.


-Por eso mismo deberíamos aprovechar esta oportunidad cariño, imagina el futuro que podríamos obtener allá afuera para cada uno.


-Lo sé John… pero cuando te dije de ir a otro lugar no me refería exactamente a ir a otro planeta, y mucho menos, de abandonar a todos.


-Pero no puedes negar lo importante que esto puede ser para nosotros Mari.


-Para mí escapar no significa olvidar.


Había un pequeño detalle que la compañía jamás nos había revelado al público general, solamente era revelado a los seleccionados para el viaje bajo un estricto acuerdo de confidencialidad.


- ¿No crees que es un sacrificio lo suficientemente valioso?


-Estoy asustada John, no pensé que fuéramos a ser aceptados en el programa, y mucho menos llegué a imaginar que para poder viajar tendríamos que tomar esa pastilla…


Ya había un sistema de viaje establecido para poder llegar hasta las colonias, ponían a dormir a las personas y para que pudieran soportar el viaje les hacían tomar una pastilla, esta tenía el efecto secundario de que hacía que los tripulantes perdieran sus recuerdos.


-Sigo pensando que de todas maneras aún vale la pena Mari, pese a que no recordaremos de dónde venimos o porque nos fuimos en un primer lugar, al menos tendremos la certeza de que nos fuimos por una razón completamente válida.


Los argumentos de John eran demasiado coherentes, pero estos no me hacían sentir algo más reconfortada.


-Si lo hacemos, ¿crees que al despertar nos podremos volver a reencontrar? ¿crees que nos volveríamos a enamorar John? ¿Has pensado al respecto de esas cosas?


John se quedó callado durante un largo momento, su rostro reflejaba el hecho de que él ya había estado pensando eso mismo antes. El hecho de que aun siendo consciente de ello estaba considerando este viaje sin retorno, me decía que de verdad estaba determinado a hacerlo, y pese a todo, él quería que yo fuera parte de eso.


Finalmente, después de este momento que se sintió como una eternidad, John continuó hablándome, esta vez me rodeó con sus brazos y juntos nos acurrucamos en el sofá.


-Por supuesto que lo he pensado, estar en ese lugar extraño y sin recuerdos, lleno de oportunidades, pero con la sensación de que alguien me falta. Confío en que ambos nos volveremos a encontrar allá, para recuperar un tiempo que tuvimos que sacrificar juntos a cambio de una mejor vida.


Por un momento las palabras de mi esposo me reconfortan, aunque aún me sigo sintiendo algo insegura respecto a todo esto del viaje, empiezo a creer que el precio puede valer lo suficiente como para que ambos podamos alcanzar un mejor futuro, y quien sabe, tal vez a lo mejor nos podamos volver a enamorar como ya lo hicimos una vez.

Ha pasado ya varios meses desde que desperté, los colonos estamos construyendo poco a poco grandes cosas para la colonia, aunque hay algunos días en los que necesito relajarme de todo ese trabajo, así que al bar es usualmente a donde me dirijo. Suelo estar sola aquí, aunque hoy esto cambio repentinamente.


-Sabes, siempre te veo por acá, algo triste y sola, permíteme hacerte compañía esta noche. Por Dios, ¿dónde están mis modales? -El colono, que se siente lejanamente familiar, estira su mano mientras se sienta en la misma mesa que yo- Mucho gusto, mi nombre es John.


-Un gusto conocerte, soy Mari.


Mientras apreto la mano de este hombre no puedo evitar sentir algo de melancolía, y por extraño que parezca, algo de felicidad, tal vez hoy no sea una noche tan solitaria como creí.



Comentarios

  1. Me encanto , la verdad su trama es muy profunda pues al final me dejó una sensación que muy pocas lecturas me han dejado.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen nuestra Biblioteca ¡Gracias por Visitarnos!

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...