Ir al contenido principal

VI Concurso de Cuento Corto: Una sociedad eterna

 



No recuerdo muy bien como llegue a este desolado lugar, mis recuerdos al respecto están algo nublados, creo que iba en un avión y tuve un accidente, eso explicaría porque mi cuerpo me está doliendo tanto y por qué tengo un maletín de paracaídas en mi espalda.


Siento que desde hace horas me encuentro caminando por esta sábana, ¿o es un desierto?, no tengo idea, pero se que la deshidratación ya me esta afectando bastante y eso esta afectando mi percepción de la realidad.


.


.


.


No se en que momento me he desmayado y mucho menos rememoró el como llegue aquí, recostado en una cama artesanal en una habitación con paredes de guadua y techo de barro, es extraño que siquiera haya algo así en medio de la nada.


-Oh, has despertado


Frente a mi se encuentra una mujer que está usando un vestido algo antiguo pero bonito de todas formas.


-¡¿Quién eres y cuánto tiempo llevo acá?!¡¿qué es este lugar?!


-Woah, tranquilo, son demasiadas preguntas para responder al mismo tiempo.


  • ¡¿Acaso estoy alucinando?!... Recuerdo haber tenido un accidente bastante fuerte y ahora me siento como si jamás hubiera tenido un accidente en primer lugar


-Oh no, por supuesto que no estás alucinando, te encuentras en la aldea de mi pueblo, nosotros te hallamos no lejos de aquí hace algunos días y te trajimos aquí para atenderte.


-...¿Cuánto tiempo llevó aquí exactamente?


-Más o menos 4 días, ven, levántate de la cama, déjame te muestro un poco de mi aldea y de paso comes algo.


-La verdad me encantaría.


.


.


.


En general todas las casas de la aldea son bastante similares al sitio en donde me encontraba, cada casa tiene un enorme espacio para cultivar e incluso hay un sitio para cuidar animales. Aunque por donde pasó no puedo evitar acaparar las miradas de las personas, esto último es algo que me incomoda un poco.


  • ¿Increíble no es así? -me pregunta la mujer, expulsándome de mis pensamientos -Es impresionante ¿cuánto tiempo llevan tú y tu gente asentados aquí?

-Solo unos cientos de años, aunque para ti pueda ser demasiado tiempo para nosotros no es mucho.


  • ¿En serio esperas que te crea eso? Que han pasado en estas tierras durante generaciones enteras de forma desapercibida.


-Somos más antiguos de lo que aparentamos, lo creas o no, en nuestros muchos siglos de vida hemos estado en muchos sitios, hemos creado nuestro propio sistema de vida y orden.


- ¿Por qué no han interactuado con el resto del mundo entonces?


-No es que no lo hayamos intentado antes, pero en base a experiencias previas hemos aprendido que somos felices estando aislados por nuestra cuenta.


- ¿Hace cuanto fue la última que lo intentaron?


-Hmmm, difícil de decirlo, solo sé que fue hace mucho tiempo, de hecho, tú eres la primera persona extranjera a la que todos nosotros hemos visto en bastante tiempo.


Lo que la mujer me dice me deja sin palabras, y con muchas más preguntas que respuestas, y aunque me muero por preguntar demasiadas cosas, no estoy del todo seguro si quiero saber las respuestas.


-Hay una pregunta que debo de hacerte extranjero –Una vez más la mujer interrumpe mi tren de pensamiento- y necesito una respuesta honesta.


-Pregúntame entonces –No puedo evitar notar como el tono de mi voz se nota algo temerosa por el tono en que la mujer dice estás palabras.


-En donde nos encontramos actualmente, si decides abandonar la aldea, probablemente te demorarías unas cuantas semanas en llegar al primer asentamiento humano cercano de aquí. Sin embargo, no temeríamos en tener a un forastero en nuestras tierras.


- ¿Si decido quedarme, eso que otras elecciones implicaría?


-El hecho de que tendrías que dejar toda tu vida atrás e intentar llegar a las paces con la idea de dejar creer a tus seres queridos que moriste en aquel accidente aéreo.


-Si me quedo... ¿podría incluso alcanzar, al igual que tu gente, la vida eterna?


-Puede ser, eventualmente se podría darte elección. Aunque es demasiado para pensarlo ahora, mejor sígueme, por el momento hablemos de otras cosas mientras comemos algo.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...