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VII Concurso del cuento corto, DECISION Y NOCHE

 


¿Qué? ¿Qué? No te escucho. No, en serio. No te entiendo nada. Bum bum, latiditos en el corazón; Salsita memorable: Willie Colón. Acerco sus labios remojados al oído de ella; sus cuerpos sudorosos se apretaron. "Vamos a otro lugar", susurró. Hubo sonrisas cómplices. Chaquicha, chachachá, pasito adelante, pasito atrás.

 

Una algarabía espesa se diluía por los espacios públicos construidos y modelados por los años y las manos vernáculas que habían envejecido y solo cabían en los recuerdos de los ahora danzantes entusiastas. La noche fría se mecía por la ruralidad y ya empezaba a calentarse al ritmo de la orquesta y de las vorágines sombras apasionadas.

 

La había visto; andaba con sus amigas, mostrando su sensualidad y provocando deseos, sus deseos y los de tantos. Tenía un vestido que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, ceñido, blanco y con puntitos rojos, rojos como sus labios. Eso para él fue un mensaje, "así las mujeres se ven bien", le había dicho. Trató de buscarla con la mirada, pero no la encontró. Ella sonreía y sonreía, y su mirada proyectaba una coquetería hipnotizante. Le dieron celos, temor y rabia; Quiso acercarse y saludarla, pero prefirió guardarse...

 

Con una bachata la sacó a bailar. La cogió de una mano y la empujó hacia él; ella, sorprendida y luego emocionada, dejó escapar una risita. Lo reconoció de inmediato. Lo había estado esperando; ni siquiera le dijo "hola"; simplemente se mezclaron en medio de la gente y se ajustaron al pulso. Los culitos iban de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, temblando al ritmo de las pisadas. Se miraron a los ojos, se sonrieron. Las manos tibias sujetaron su cadera, tomaron confianza y se fueron atrincherando. La froto y acarició, luego la apretó suavecito, con más fuerza, hasta clavarle sus pretensiones. Ella, por un milisegundo, abrió más sus grandes ojos y sus pupilas se hincharon; sus labios se estremecieron. No hubo resistencia, por tanto, él, de forma un poco violenta, agarró los muslos de ella y los arrastró hacia su cuerpo. Sintió su sudor tibio; sus ropas humedecidas se pegaron y fundieron en una mezcla de olores y tentaciones. Su pecho se juntó con sus senos; sus pelvis se posicionaron de tal forma que sus sexos casi se encuentran.

 

La miró y no se decidió; le dio pena, le entró la cobardía. Se dio un golpe en la pierna y apretó sus dientes: "Para la próxima". El sonido terminó y ella miraba y reía, reía para todos y para la vida. Acariciaba su cabello, cruzaba sus piernas y relucía su piel cálida y dorada. Su cuerpo saludable imprimía una fragancia ostentosa, sutil y agradable que entraba por todos los sentidos y daba paso a la imaginación.

 

Sonó la música, y en medio de la vacilación, la vio siendo sujetada por alguien, casi secuestrada, perdida entre las personas. No paró de observarla; ahí estaba y cómo disfrutaba. La miro excitada y feliz; cuando la canción pronunciaba sus frases, ella se ahogaba en hondos suspiros: "Si te robo un besito, a ver si no vas conmigo"... La situación se tornó bochornosa para él, no sabía qué hacer, entro en pánico y lo envolvió la ansiedad, dio un golpe a la mesa y decidió esperar, esperar a la próxima canción; ahí tendría la oportunidad de reclamarle y desquitarse.

 

La música se detuvo, pero ella se fue a un rinconcito, si, con el otro, allá conversaban, y si, el otro vigilaba. Cuando sonó el compás, no hubo tiempo. El otro se la llevó e iniciaron el baile. Más que baile, aparentaban ser vampiros; sus movimientos solo reflejaban una sensualidad intensa. Era el colmo, permaneció atónito; le dio asco, pero también sintió una excitación incómoda. Se desilusionó y estuvo a punto de echarse a llorar, de impotencia, de celos, de algo. No soportó aquellas escenas y decidió abandonar el sitio. Se fue alicaído, consumiéndose en la cada vez más fría noche, mientras las palabras y los ritmos también se desvanecían consigo: "Sé que nunca fuiste mía, Ni lo has sido, ni lo eres, Pero de mi corazón Un pedacito tú tienes, Tú tienes, tú tienes, tú tienes".

 

No fue el único en ausentarse.

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