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VII Concurso del cuento corto, EXTRAÑO

 


Me encontraba en la casa donde había crecido. No sabía por qué estaba allí; hacía años que no vivía en esa casa, pero aun así, ahí estaba yo, recorriendo sus pasillos. No era una casa muy grande: tenía una sala pequeña, una cocina, dos habitaciones, el patio y el baño. Podría jurar que era de día, pues estaba todo muy iluminado.

 

Fui paseando por cada habitación, recordando todos los momentos que había vivido.

 

Aunque era la casa de mi infancia no todos los recuerdos eran muy felices. Tenía una sensación de tristeza, aunque no sabía si era por la nostalgia o por algo que no recordaba con claridad. Pero, a pesar de eso, estaba todo tal cual lo recordaba: los ladrillos intactos, la sala a medio pintar, la grasa y el ambiente fúnebre de la cocina seguía igual, los cuadros y pinturas en lo que había sido mi cuarto permanecían en su lugar. Esto resultaba bastante extraño después de haber pasado más de 5 años sin vivir en esa casa.

 

No solo eso era extraño; también vi a mis padres y a mis dos sobrinas. Iban corriendo por el pasillo, como si estuvieran huyendo de algo. Ya de por sí, el hecho de que yo estuviera en esa casa era demasiado extraño, el verlos correr hizo que surgiera en mí una mezcla de intriga y miedo. ¿Qué hacían ahí? ¿De qué huían? ¿Debería salir a mirar?

 

Me ganó la curiosidad, así que salí de la habitación y me asomé hacía el pasillo para ver qué sucedía. No podía descifrarlo y quise ir a la cocina, un gran error. Estando ahí todo se tornó aún más tenebroso. Salí de la cocina y mi cuerpo quedó paralizado, una sensación helada recorrió mi cuerpo y no me dió tiempo de pensar en nada, salvo en los gigantes tentáculos que se acercaban poco a poco, entrando en cada rincón de la casa en busca de algo. Nunca en mi vida había visto algo de tan gran magnitud: eran unos tentáculos grandes y gruesos, cubrían todas las paredes, lo que hacía difícil ver de donde provenían en realidad; no sabía si salían de las mismas paredes, si era la misma casa o si pertenecían a alguna criatura que era demasiado grande como para poder entrar por la puerta. Necesitaba saber qué era esa criatura, pero sentía demasiado miedo. De algo estaba segura: no sé por qué, no sé de dónde tenía esa idea, pero algo me dijo que eso venía por mí.

 

Rápidamente, mi primera reacción fue correr hacía el patio, donde suponía que se encontraban mis padres. Se me hacía muy difícil ver, aunque al principio juré que la luz que iluminaba la casa era la del sol, estas estaban titilando, pero no podía distinguir ningún bombillo. La casa era pequeña, pero sentía que corría y corría, y que cada vez llegar donde mi padres se me hacía más lejos.

 

Llegué finalmente al patio y pude verlos: mis padres y mis sobrinas. El terror era evidente en cada uno de sus rostros, y yo me llené de miedo, pero no podía permitir que les pasara algo, así que lo primero que se me ocurrió fue meterlos al baño. Entramos; estaba todo muy oscuro. Puse a mi sobrinas detrás de mí y nos metimos a la mohosa y húmeda ducha, cerrando la cortina de esta cual escudo protector. Tomé una vara de metal que se encontraba ahí, pensando, muy ingenuamente, que eso nos podría ayudar contra el gigante monstruo que nos buscaba. El sudor recorría mi frente, el miedo invadía mi cuerpo, pero la valentía se adueñaba de mi mente. Pensaba que tenía que defender a mi familia contra lo que fuera. Mi corazón latía cada vez más rápido mientras veía la sombra de los tentáculos buscándome en cada rincón. Poco a poco se fueron acercando, yo me llené de valor para dar el primer golpe... Entraron, recorrieron parte del baño, se giraron hacía mí...Pasó algo inesperado: se estaban reduciendo a una forma que no podía distinguir. Me paré firme, agarré con fuerza la vara, abrí la cortina, cuando de repente... Me vi a mi misma frente a mí, y... Abrí mis ojos.

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