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VII Concurso del cuento corto, EL CARNET

 


Antes de levantarme discutimos quién tendrá el mando, somos 4 personalidades y en teoría yo soy la anfitriona. Hoy me desperté, y frente al espejo encontré una mujer de pie que no tiene ni idea de quién es, ese día no halle el carnet de la tienda en la que trabajo.

 

Sin embargo, hoy no es un día para reflexionar. Debo cumplir con mi promesa del otro día, debía encontrar a mi hermana frente a la cafetería del bulevar. Un beso en la mejilla izquierda, un resumen de la semana en Bogotá y lo maravilloso que había resultado ser el jardín botánico en plena temporada de orquídeas; una vez terminado el desayuno, mi hermana le pareció buena idea preguntar por mi trabajo, no supe qué responder. Desde hacía meses estaba siguiendo el plan que María había propuesto, lo que implicaba no tener un trabajo fijo.

 

Cumplido mi deber con mi hermana, tuve tiempo para caminar por el centro de la ciudad. No, nada en el centro era lindo, al menos no para mí, pero necesitaba una coartada. Después de pasar tres horas entrando y saliendo de distintos centros comerciales, opte por comprar un par de zapatos, los últimos se habían arruinado con sangre.

 

El sábado no tuve que trabajar y pude sacar las pertenencias del niño, el martes llegó la policía a mi puerta, preguntando por un niño que se había perdido desde el jueves. No había mucho que decir, además no había nada que pudiera involucrarme con su desaparición. Por otro lado, me torturaba la idea de que alguien lo hubiera escuchado gritar cuando intentó huir de mí.

 

Aunque fui eficiente en el último homicidio por la tarde, tenía la sensación de que había olvidado algo. Cada vez era más complicado mantener un equilibrio con Julieta, Isaac y María. Todos quieren tomar el control de mi cuerpo y mi mente. Julieta no estaba de acuerdo con los homicidios y amenazó con entregarse a la policía, en ese momento María tomó el control. Desde entonces no he vuelto a escuchar a Julieta en mi mente.

 

Todo parecía ir con normalidad, pero Isaac quiso volver al campo, él estaba convencido de que habíamos fallado, faltaba algo. María me controlaba con más regularidad de la que se había acordado y por eso en algún momento había extraviado el carnet de mi trabajo. Busqué el carnet por horas, pero no estaba en ninguna parte y el campo estaba infestado de policías.

 

A los tres días, cuando realizaba la primera venta en la tienda, en las noticias informaban sobre el avance de la investigación de un asesino responsable de la muerte de cinco niños, sentí como se me revolvía el estómago. Habían encontrado al quinto.

 

Esa misma tarde me ausenté del trabajo, indiqué que estaba indispuesta. Al llegar al apartamento, Isaac sugirió huir, pero no quise hacerlo. Yo había dejado todo en manos de María, ella me aseguraba que no se había equivocado en nada y que el carnet no era un problema. Esa noche la policía tocó nuevamente mi puerta.

 

La comisaría era fría y gris. María me aconsejó que mantuviera la calma, todo estaría bien, yo no había hecho nada malo, no me podían inculpar. —Tenemos un par de preguntas, señorita Sara —dijo el policía con mi carnet entre sus manos.

 

No logró intimidarme con su actitud. No sé cuánto tiempo pasó, hacían la misma pregunta una y otra vez. En algún punto empecé hablar sobre María, la describí como una mujer hermosa, que deseaba ser madre más que a nada en el mundo y yo no era capaz de negarme a sus caprichos. Ella quería un hijo y yo se lo iba a dar.

 

—El problema es que María no estaba conforme con los niños que en un principio ella escogía, por ende tocaba matarlos —Comente y el policía palideció. En una esquina estaba María, sus ojos me decían que todo había acabado. Ninguno de mis esfuerzos había valido la pena, yo había fallado. Le pedí al policía que por favor sacara a María de mi vista, no toleraba su decepción, él se limitó a recordarme que solo había dos personas en la habitación.

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