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Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17 : El despertar del Viento





El despertar del Viento

Bajo las blancas nubes y antes del amanecer, miro con asombro este nuevo mundo que se pone ante mis ojos. Mi madre, la montaña, me ha enviado a explorar sus valles, no sin antes pasar a través de sus blancas nieves y descender hasta sus ríos, caudalosos, llenos de vida y verde, rápidos y vertiginosos, pero no más que yo. Sigo mi camino y encuentro una planicie, ya no hay más árboles, solo pequeños arbustos y llanura, ahora el sol empieza a mostrar todo su esplendor, y me impulsa a recorrer la pradera que tengo frente a mí, veo una especie de ríos pero no son ríos, son planos y grises, con líneas en el medio y a los lados, tal vez estos sean las carreteras que mi madre la montaña me contó, y también me dijo, “Cuando veas carreteras muy pronto verás a los humanos…” – ¿los humanos? Tendré que seguir la carretera y mirar hacia dónde me lleva.

¿Pero qué veo? ¿Parecen hermanos de mi madre la montaña? Uhmmm, no, no lo son, se ven muy cuadrados, pero igual de altos, y veo más cosas, carreteras que van por encima de los ríos, tal vez sean los puentes que me susurró mi hermano el bosque cuando venía en camino, y estos picos altos y cuadrados, pues, deben ser edificios, construcciones de los humanos…Ah! ¡Claro! ¡Estoy en una ciudad! Algo me habían mencionado las golondrinas que viajaban conmigo hacia el sur. Veo a los tales “humanos”, caminando, corriendo, moviéndose por todas partes, y también me cuesta un poco respirar, se está agotando mi oxígeno, y todo se pone muy opaco por acá. Pierdo velocidad, me cuesta meterme entre tanto obstáculo, las cosas se han puesto grises (el color del cemento), hay mucho ruido, debo salir de aquí muy pronto, ¡no soporto toda esta contaminación!

¡Ahhhh! Ya me voy alejando, de nuevo observo los colores azul y verde frente a mis ojos, también hace más calor, y se siente un olor salino en el ambiente, ¿Acaso será…? Sí, eres tú, mi padre el Mar, tan azul y tan inmenso como me lo habían descrito, ¡Padre ya estoy aquí! ¡Ya llegué! – Hijo mío, ¡qué bueno que llegaste! Ahora, podré darte la fuerza suficiente para que crezcas y te hagas invencible. – De pronto, empiezo soplar más fuerte, mi velocidad aumenta, las aguas de mi padre, que están debajo de mí, se ven agitadas por mi voluntad, ahora me siento grande y poderoso, y estoy haciendo un tremendo ruido. – ¡Sí, hijo mío! Ahora ya tienes mi fuerza y la de mi hermano el sol, y puedes ir a donde quieras, ahora ya puedes mostrarle a los humanos, el poder de la naturaleza.

Sí, Padre. Iré a la ciudad, parece que a los “humanos” se les ha olvidado que comparten este lugar con todos nosotros. De inmediato, reuní todas mis fuerzas y me dirigí hacia allá, los árboles y las rocas se levantaban con mi paso, y muchos hermanos animales, se escondían ante mi paso, sin embargo, allí estaba luchando un pequeño ser, tratando de mantener sus alas firmes ante mi tremenda fuerza. – ¿Pero cómo? ¿Es acaso una de las pequeñas golondrinas que me acompañó en mi camino de ida? ¿Eres tú golondrina? – Sí señor viento, soy yo, la pequeña golondrina. – ¿Y qué quieres amiguita? Ya estoy a punto de llegar a la ciudad. – Vine a pedirte que no destruyas a los humanos. – ¿Cómo? ¿Qué no los destruya?
¿Y por qué? – Porque para la naturaleza valen más las acciones de perdón y reconciliación que aquellas que llevan venganza y destrucción, por eso, la hierba crece después del fuego, y la tierra se hace más fértil después de la erupción de un volcán, y los árboles crecen más fuertes cuando ha pasado una inundación, solo te pido que les des una oportunidad. – Está bien golondrina, así lo haré, pero les voy a dejar un pequeño recordatorio de lo que puede suceder.

Y es por eso que en aquella ciudad cada fin de mes ocurre una tormenta con lluvia, truenos, relámpagos y un fuerte silbido del viento, perpetuando su despertar”.


PHYLUS

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