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Concurso cuento corto: Ar-terrorismo - 1


 
Ar-terrorismo - 1

Del área rural de la ciudad salió una motocicleta a gran velocidad. Su conductor tenía el objetivo claro: acelerar y no detenerse; el copiloto, aferrado al vehículo solo con sus piernas, sostenía un arma profesional con sus dos manos, listo para disparar a su antojo.

Pasaron por calles vacías, calles concurridas, calles principales, calles sin salida; ignoraron semáforos en rojo, semáforos distraídos, semáforos indecisos; atropellaron cebras indignadas, basuras abandonadas y hasta arrollaron un insulto que iba pasando la calle como perro por su casa.

El copiloto disparó sin piedad. El arma silenciosa ayudaba el sigiloso ataque; las personas alcanzaban a medio oír el sonido del vehículo cuando ya era demasiado tarde, ya eran víctimas. Disparó todo el cartucho; entre los afectados habían niños, ratas, abuelos, perros, gatos, policías, vendedores ambulantes, aves, arbustos, edificios, lagos y hasta el cielo que después del ataque comenzó a sangrar el rojizo atardecer.

Los seres vivos no pudieron ocultar su cara de temor, tanto animales como personas. Los objetos sin vida no pudieron ocultar su cara de vivos, tanto trabajadores públicos como las casas; el cementerio fue todo un espectáculo, los restos de los cadáveres se sentaron sobre sus lapidas para esperar el ataque, ansiosos de volver a morir.

La comunidad, indignada, alertó a la policía, la cual desató un operativo en conjunto con el ejército. La orden era clara, los delincuentes representaban un peligro para la sociedad, además tenían toda la ciudad atemorizada, suficiente motivo para darles de baja. Miembros armados y motorizados de las dos entidades persiguieron y atacaron a los terroristas, pero fue inútil, se escaparon.

El gran crimen no dejó muertos, excepto los que ya estaban en el cementerio. Dejó gente herida, vulnerada, ignorada, desprotegida, muerta, revivida; paisajes enteros capturados, momentos espontáneos plasmados en la eternidad, caras de miedo, de alegría, de duda y de ira. El gran crimen, efectuado por los dos “terroristas desadaptados” dejó en total novecientas noventa y dos fotos, un par de fotógrafos realizados y una exposición fotográfica, repleta del hermoso esplendor de la cotidianidad titulada: EL TERRORISMO DEL ARTE.

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