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Tercer Concurso de Cuento Corto: Caminos inducidos






Caminos inducidos


-Me encuentro en esta larga fila del banco, esperando absurdamente mi turno, ¿Por qué no pueden dar prioridad a los ancianos como yo? Necesito urgentemente el dinero y esta estúpida gente no avanza ¡Odio las filas!


Este es Alberto Días, hombre de la tercera edad que espera con ansias el dinero que su hijo le ha acabado de enviar, pero él no tiene paciencia y poco a poco se comienza a desesperar y a hablar solo; las personas a su alrededor son muchas y aunque el banco es un lugar silencioso, este hombre no encuentra paz.

Los minutos avanzan, pero la fila no.

Después de una gran cantidad de tiempo, llega el turno de Alberto para retirar el dinero, sin embargo, enseguida se disgusta con lo que se encuentra:

-¿Pero, qué es esto? No puedo creer que mi hijo sea tan inútil, ¿Solo un millón de pesos?-Mientras cuenta el dinero se queja mentalmente- Siempre supe que él era un inservible que no funcionaba para hacer dinero, cada noche le recordaba que si no conseguía billetes cuando creciera, no sería apto para vivir y ahora veo que mis palabras no fueron escuchadas, pobre imbécil.

Mientras Alberto termina de retirar todo el dinero con cara de disgusto y teniendo en mente a su hijo “inepto”, a unos metros, en una de las siguientes cajas se empiezan a escuchar gritos, todos inmediatamente fijan su mirada hacia ese lugar, incluido Alberto, y este, sin pensarlo dos veces, empaca rápidamente su dinero en su bolso y sin importar el peligro que pueda correr, camina hacia el lugar de los gritos para ver qué sucede allí; sigilosamente se acerca, se acomoda sus anteojos y logra ver un hombre de espaldas, vestido de negro, con pasamontañas, además, con una pistola en su mano derecha apuntando hacia varias mujeres quienes se notan aterrorizadas, Alberto se asombra, pues nunca había presenciado una escena tan similar a las películas que acostumbra a ver, pero, ¡oh no! El ladrón ¡Se ha dado la vuela! Ha notado la presencia de Alberto y ahora es a él a quien apunta, sin embargo, esto dura solo una milésima de segundo, pues aquel hombre al mirar el rostro de Alberto, baja lentamente la pistola y queda paralizado, dos hombres que están atrás de él aprovechan para sujetar los brazos del bandido y quitar inmediatamente su pasamontañas, cuando esto sucede, Alberto queda estupefacto y enseguida hace un gesto de dolor mientras le dice casi a susurro:

-…¿Qué estas haciendo con tu vida?

A lo que aquel hombre con la voz entrecortada responde friamente:

-Solo intentaba servir para algo, como tú querías…papá.

~KMI333

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