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Tercer Concurso de Cuento Corto: Déjà vu





Déjà vu

Dios no sabía cómo todo había llegado a terminar tan extremadamente mal. Aquellos seres que él creó fueron en principio hermosos, pero terminaron convirtiéndose en la más grande pesadilla de cualquier entidad celestial. Empezaron a enloquecer, se hacían daño y se mataban entre ellos. Habían comenzado grandes y estruendosas batallas que se convirtieron en infernales guerras que se desataban una detrás de la otra. Las cosas bellas que Dios había diseñado tan perfectamente para ellos fueron olvidadas, degradadas y destruidas. Hermosos paisajes hechos a pulso terminaron siendo destruidos con el fin de satisfacer necesidades que se encargarían de llevar a los seres a su propia destrucción. Era como un karma. Estos seres se habían enfermado mental y emocionalmente. Sus corazones se llenaron de odio, avaricia y miedo. Habían perdido la confianza, el amor y la fe. Las cosas no tenían por qué seguir así. Dios no podía permitir que las cosas siguieran así. Pero no podía hacer nada, no quería hacer nada. Aún sentía demasiado amor por su horrible creación y no podía simplemente acabarlos con algunas palabras mágicas. Lo mejor era mirar hacia un lado. Era hora de que aquellos seres quedaran en el olvido, dejando que poco a poco se fueran reduciendo físicamente hasta que sólo quedaran las cenizas del barro que alguna vez fueron. Era hora de iniciar un nuevo proyecto. Uno diferente a los miles de millones que habían fracasado anteriormente. Dios era un ser persistente, demasiado persistente; aunque no lo suficiente para tratar de arreglar las fallas en su plan, fuera cual fuera este. Así que Dios, gritando al enorme vacío de la eternidad que esta vez no fallaría, creó al hombre, esperando poder triunfar en el universo de sus propias decepciones.



Dave Mont

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