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Tercer Concurso de Cuento Corto: Crónica de una búsqueda



Crónica de una búsqueda

Por: Titto

Se había convertido en un hábito muy fastidioso. Posponer la alarma del celular, una y otra vez, como huyendo de una realidad inevitable, otro día debía empezar. Cuando finalmente decidía levantarme, la luz entraba plenamente por la ventana e iluminaba mi pila de ropa sucia y los zapatos desordenados en el rincón. Mi primer acto era revisar el correo en mi celular, actualizarlo varias veces para asegurarme que todos los correos habían llegado y leer uno por uno. Por estos días no me sobraban correos escritos por robots, publicidad, pero anhelaba otro correo, uno escrito por humanos. Aquel que me sacaría de ese círculo de aburrimiento y rutina.

Habiendo terminado mi fase universitaria, me enfrentaba a la dura realidad de la vida adulta. Era la primera vez que seguir a la siguiente etapa dependía de mí y exclusivamente de mí, y por más madura que pareciera mi cara con bello facial, mi ansiedad reflejaba otra cosa. El peor trabajo de todos, buscar trabajo, era mi día a día, y ya había perdido la cuenta de la cantidad de versiones que tenía de mi hoja de vida y la cantidad de postulaciones sin respuesta que se apilaban en mis archivos.

Ese caluroso martes estaba decidido a conseguir una entrevista. Me levanté de mi cama y tomé una ducha fría. Por esos días, ni siquiera sentía hambre. Después de ponerme la primera pantaloneta que encontré me senté frente al computador y empecé mi búsqueda. Me había vuelto metódico. Tenía en cada pestaña una plataforma diferente y tenía a la mano una lista de palabras clave para alimentar los filtros. Con el paso de los días las nuevas postulaciones escaseaban, y la búsqueda era más rápida, e inconclusa. Al principio fantaseaba un poco con cada postulación, visualizándome en el puesto de trabajo y realizando los oficios que se enlistaban en la pantalla. Poco tiempo después abandoné esta práctica, ya que la desilusión era más dolorosa de esa forma.

Mi búsqueda fue especialmente corta ese día, acabé después de enviar la única postulación nueva, y luego me enfrenté al silencio y el tiempo libre. La frenética vida del universitario se caracterizaba por la falta de tiempo, y mi cuerpo aún recordaba el ritmo acelerado de esa vida. Pero ahora, con tiempo de sobra, no sabía cómo llenar ese vacío, y vaya que Internet me daba ideas. Antes perder el tiempo, aun sabiendo que tenía responsabilidades de la universidad, era la bien conocida procrastinación. Ahora, solo se llamaba perder el tiempo y el sin sabor e insatisfacción que dejaba era todavía más aguda.

Cuando se acercaba la hora del almuerzo escuché el timbre de mi celular. Lo supe de inmediato, solo podía significar una cosa, esperanza. Contesté lo más ecuánime que pude, pero mi nerviosismo se notaba en la voz. Efectivamente era la psicóloga de una empresa, me esperaba para una entrevista de trabajo al día siguiente. Estaba tan emocionado que casi olvido preguntarle de nuevo el nombre de la empresa, anotando todas las indicaciones en la servilleta más cercana.


Por fin. Tengo una oportunidad. Colgué el teléfono y llamé a mi mamá y mi novia, ellas estaban casi tan emocionadas como yo. Repasé mentalmente la lista de lo que debía preparar y me arreglé
lo mejor que podía. El resto del día transcurrió muy lentamente. Navegué por la Web intentando descifrar las posibles preguntas y respuestas de una entrevista, y nuevamente fantaseé con el puesto.

El día de la entrevista me levanté antes que la primera alarma del celular. Me bañé con agua fría y me vestí con la única ropa planchada de todo mi closet. Me miré al espejo varias veces y para mi sorpresa, me fue imposible disimular una sonrisa. Caminé hacia la parada de bus indicada por mi plan de viaje en el celular y repasé las respuestas que había investigado el día anterior.

Esa mañana tuve una entrevista sin contratiempos, me mostré amable y simpático. Luego vino una angustiosa espera por la llamada de aceptación o de rechazo, la cual se extendió varias semanas. Cansado de esperar llamé a la empresa para enterarme de lo obvio. Mi búsqueda apenas empezaba.

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