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Tercer Concurso de Cuento Corto: Corazón Sagrado






Corazón Sagrado

Escrito por: Santino

En Corazón Sagrado la situación económica no estaba del todo bien. Zenaida, una de las pocas brujas que todavía quedaban, resolvió que para poder sortear la situación debía convertirse en la mejor adivinadora de todas. Para lograrlo leyó con esmero los libros de su biblioteca y pronto adquirió una clarividencia magnífica, y su fama se extendió por todo el pueblo.

Como consecuencia, los lugareños dejaron de ir a la iglesia. Pensaban que ya no era necesario pedirle a Dios por algo, siempre que pudieran preguntarle a Zenaida si de verdad lo tendrían algún día. Al sacerdote no le quedó más remedio que irse del pueblo sin saber nada de lo que había pasado. “No es su culpa, simplemente ya no creemos”, le dijeron algunos en el camino.

También se perdieron otras tradiciones. Los hombres ya no cortejaban a las mujeres, porque ya sabían quién sería el amor de su vida. Se acabaron las apuestas y las competencias deportivas, pues se conocían de antemano todos los resultados. Se acabaron los accidentes, las alegrías y las decepciones. Había una epidemia de aburrimiento.

Algunos habitantes, desesperados y arrepentidos, fueron en busca del sacerdote. Éste, al enterarse de lo ocurrido, estalló en cólera: “¿Cómo fueron capaces de ocultarme que una bruja había tomado el control de sus vidas?”

El sacerdote reunió al concejo de la iglesia y por unanimidad decidieron que Zenaida debía ser ahorcada públicamente por la terrible maldición que sus adivinaciones habían causado al pequeño pueblo. Las autoridades la capturaron rápidamente y la llevaron a la plaza que quedaba frente a la iglesia. En pocos minutos se congregó allí una gran multitud.

Se acusa a la bruja Zenaida de practicar la adivinación, de apartar a la gente del camino del Señor, y de corromper el alma de nuestro pueblo y sus ingenuos habitantes con toda suerte de engaños y astucias del demonio. También de arruinar las apuestas, las competiciones deportivas, y, con ello, nuestra economía. ¿Tiene algo que decir en su defensa?”, dijo el sacerdote.

Yo solamente me esforcé por ser una buena adivinadora. Mi único pecado ha sido decirle a la gente lo que quería saber. Yo no quise provocar la epidemia de aburrimiento, ni que usted, sacerdote, se fuera del pueblo. Pero si me matan caerá sobre ustedes una maldición aun peor. Solo les ruego que me dejen ir de este pueblo, y prometo ante ustedes y ante Dios que dejaré este oficio y me dedicaré a otra cosa”.

¡Imposible! La decisión está tomada. ¡Debe haber un escarmiento, si no, cundirá el ejemplo y pronto seremos víctimas de la brujería otra vez!”, sentenció el sacerdote. Tras la ejecución el pueblo regresó a sus casas con una sensación de infinita tranquilidad y purificación. El cuerpo de Zenaida fue dividido en seis partes y cada una de ellas puesta en la entrada de los seis pueblos cercanos, a modo de advertencia para las brujas que quedaban.

Pasaron dos días y los restos de Zenaida desaparecieron misteriosamente. Mientras tanto, un hombre que volvía de un viaje y que ignoraba todo lo sucedido, golpeó en la puerta de la casa de Zenaida para hablar con ella. La puerta se abrió sola, y adentro estaba Zenaida, en forma de espíritu.

  • ¿Qué te pasó?”, preguntó el hombre, un poco impresionado, pero no asustado. “El padre y toda la gente de este pueblo decidieron ejecutarme. Pero ahora he vuelto bajo esta nueva forma para seguir sirviendo a la comunidad”.

  • Bueno, lo importante es que tú estás bien y sigues preocupándote por la comunidad”.

  • Solo hay un pequeño cambio, ahora no puedo recibir dinero. Deben pagarme con su Alma, pero a cambio pueden venir a consultarme por el resto de sus vidas, a la hora que quieran, porque ya no necesito dormir ni comer”.

  • No hay problema, me parece estupendo. Dios te bendiga Zenaida, ¡eres una santa!”.

El hombre salió del lugar como una sombra, caminando lentamente y con la mirada perdida. Muy pronto muchos hombres y mujeres saldrían de aquel lugar con la misma expresión vacía, con el halo invisible de la muerte. En Corazón Sagrado todos se quedaron sin Alma.


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