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Tercer Concurso de Cuento Corto: Fundirse




Fundirse

Solía salir de viaje cada fin de semana.

Grandes y oscuras ojeras pintaban su rostro acompañándola sin excepción los viernes. Su cabello bailaba al son del viento, sentirse despeinada no era un problema, en comparación con la alta ansiedad que constantemente sentía. A menudo las melodías la tranquilizaban cuando caminaba sin cesar de aquí para allá y de allá para acá.

Los vientos de agosto agitaban los arboles florecidos dejando a su paso hermosos tapetes de flores rosas, blancas, moradas y amarillas. Su mirada era atraída por ese espectáculo de colores dado solo en pequeños espacios verdes, resplandecientes, en medio de las edificaciones que cada vez dejaban menos lugar a la naturaleza.

Luna se embelesaba y podía llegar a girar su cabeza velozmente con tal de ver esos espacios naturales a través de la ventana, aunque fuera por un instante. Cada uno era una sorpresa, creía descubrir por un momento mundos mágicos en los cuales desearía descansar, tirarse sin más, respirar el aroma de las flores, sentir la tierra, la vegetación y los insectos revolotear sobre ella.

En una ocasión, escuchó aun desde la lejanía voces que pronunciaban «¿Qué sería de nosotros si no recibiéramos todo lo que nos brinda la Madre Tierra?». De repente, un silencio invadió todo el lugar hasta que volvió a oír «Nuestra finitud se haría presente instantáneamente. Dejaríamos de existir». Cada parte de su cuerpo se quedó sin movimiento

Después de esto, ella deseo fundirse de nuevo con la Madre Tierra, dejando atrás esa lejanía que el ser humano había construido irracionalmente con esta, para vivir en armonía, recordando que todo está íntimamente relacionado y que no existe algo completamente aislado.

O. WEN


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