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Quinto Concurso de Cuento Corto: Despertar…

 


Y ahí estaba yo sentado en mi cama, con la cabeza dándome vueltas y con lágrimas que sin explicación salían de mis ojos, mi madre me miraba con preocupación, y es que hace aproximadamente una semana me despertaba así, desconcertado, sin saber que ocurrió mientras dormía, mi madre asustada siempre me preguntaba que pasaba, pero yo me encontraba bien aunque aún no podía explicar el porqué de las lágrimas, ni siquiera podía recordar mis sueños pero había un rostro que estoy seguro aparecía en ellos, y no he podido sacarlo de mi mente.

 

Su rostro, el de una mujer, esplendida, de pelo negro con ojos verdes como esmeraldas, su piel de color canela sus labios definidos, lo admito eran deseables. Pero eso era lo único que podía recordar, fuera de eso todo estaba en blanco para mí, así que siempre trataba de ignorar esas noches en particular y continuaba con mi día sin interrupciones, porque, aunque mis días no eran interesantes, eran bastante ocupados.

 

Extrañamente desperté, y podía recordar todo cuanto paso en mis sueños. Allí estaba ella y era hermosa como siempre, y la amaba y ella me amaba al parecer, eso era lo que sentía. Paseábamos por un largo camino rodeado de árboles gigantes, el cielo se tornaba violeta y ella me explicaba que esa aurora inspiraba su alegría, tomaba mi mano y sonreía, y extrañamente yo ya conocía mucho de ella, su alma era lo más hermoso de presenciar en ese sueño, su bonhomía me atraía tanto, su sonrisa era lo más sincero que había visto. Ella cargaba un libro en su mano, sus manos tan delicadas con sus uñas pintadas de color azul, su aspecto acendrado; a lo mejor yo estaba demente, pero era el sueño más real de mi vida, y el más hermoso también. Anhelaba que ese sueño nunca terminase, pero nada es para siempre ni siquiera nuestras vidas, y ella se despedía de mi con lágrimas repitiendo al final: “no te preocupes, el amor es inmarcesible”.

 

Este nuevo día tras ese sueño se sentía diferente, me sentía feliz de saber lo que pasaba, y triste de que ese sueño terminara, pero esperaba con ansias volver a soñarla, aun con ello trate de continuar de la manera más normal posible con mi día.

 

Volví a soñar con ella no solo un día sino por muchos días más, ella era la misma, lo que hacíamos era diferente cada noche, me sentía patético me enamoré de ella, de alguien que solo existía en mis sueños.

 

Hay quienes dicen que después de la tormenta viene la calma, soy más de los que creen que después de la calma viene la terrible tempestad, y así fue, yo simplemente caminaba hacia la universidad con los auriculares puestos pensando en ella, y pase de pensar en algo maravilloso a despertar en una camilla de hospital con la mitad de mi cuerpo roto, tras un accidente de tránsito absurdo y patético.

 

Pero, a mi lado en una camilla estaba lo que al inicio creí una visión, estaba ella, la que tantas veces me acompaño en mis sueños, hermosa, pero ahora estaba tendida con aspecto triste y enfermizo, despertó y la mirada de esos ojos verdes me ilumino, y apuesto a que ella también sintió aquello que yo, ella también me reconoció y lloramos al tiempo, hablamos por un rato y comprendí que los sueños no solo eran míos sino nuestros, ella soñó conmigo y se enamoró de mi por más absurdo que parezca, pero mi alma se quebró al saber que ella necesitaba urgente un corazón para poder vivir.

 

La vida es una maldita bomba de tiempo, también puede resultar siendo un chiste de mal gusto, acababa de conocer al amor de mi vida y ahora resulta que yo voy a morir, por el maldito accidente no podré seguir respirando más tiempo, pero antes de morir pedí una sola cosa, que mi corazón fuera de ella, literal, y así fue y aunque yo tuve que irme de este mundo sé que sigo con ella y que mi corazón late cada día por ella, desde mi corazón le digo que no importa donde estemos nuestro amor es inmarcesible y la amo.



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