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Cuarto concurso de cuento corto: Criaturas


Criaturas

Camino por un valle donde no hay suelo ni aire, mi cuerpo se mezcla con el aroma de las flores, los pétalos en la punta de mis dedos, y a lo lejos simplemente la silueta de la montaña, siempre firme, siempre atenta. Criaturas insolentes invaden mis oídos, estan tan alto como pueden, se posan en las ramas, esas que se desprenden de las nubes. Son colores lo que veo, mientras se dibuja una sonrisa, mientras se desdibujan mis preocupaciones, camino hacia la nada, hacia los colores. Mi mente está vacía, se llena de sonidos, canticos armoniosos de gritos acalorados de aquellas criaturas, ¿quizá tratan de decirme algo? No puedo entender, no concibo mi idioma, acaso ¿estaré pensando? Solo me dejo llevar por la ausencia del tiempo, mientras calculo cuanto mide el infinito, mientras los pétalos se deslizan en mis dedos amarillos, mientras intento articular con estos labios blancos, mientras mis ojos se llenan de colores y mi cuerpo desaparece. Levanto mi Cabeza entre las ramas que cuelgan, entre los cantos de estas criaturas subliminales y los pedazos de nube que tocan mi cara. Criaturas insolentes no entonan un canto, se burlan de mí, todas al unísono, se esconden en sus plumas, estiran su largo cuello y alcanzan mis oídos, susurran y dicen… ¡No entiendo lo que dicen! ¿Juegan conmigo acaso? Solo veo sus cuellos estirados, desde las ramas que cuelgan de las nubes con sus colores cambiantes un tanto psicodélicos, murmuran entre ellas, me observan, no hay mas ojos solo sus ojos. Me muevo sin dirección solo con la nada que existe allí, no hay aire que curioso, estas criaturas insolentes al parecer no tienen alas, al parecer las plumas no son plumas, al parecer… están pintadas.


Ramas y criaturas insolentes es todo lo que puedo ver, nubes tan verdes como el verde mismo, ¿de donde toman los colores estas criaturas? No hay mas a mi alrededor, sin embargo, me muevo con la nada, me muevo con el vacío, giro hacia delante y hacia atrás. Mis manos ya no son amarillas, ahora marrones casi están, y estas criaturas insolentes no paran de susurrar. Levanto mi mano para tratar de tocarlas, pero se va, muy lejos de mí, y entonces casi no puedo alcanzarla, una risotada al unísono, mientras todas mueven su cabeza hacia donde va mi mano amarilla, casi marrón. observan con risotadas como se aleja de mí, pienso en cuanto me importaba esa mano, mientras se aleja. Quizá si lo intento con un pie, pero solo puedo ver al frente y arriba, quizá no tengo pies. Entonces el silencio invade la nada, las criaturas insolentes una a una esconde sus largos cuellos de colores, mientras las nubes se pintan con ellas, solo puedo ver sus ojos parpadeantes, y aun así se burlan de mi con sus largas pestañas. Solo nubes de colores entre las ramas que cuelgan puedo ver. Y mientras mi mano se perdió en el infinito que he olvidado calcular, una leve brisa, con olor a recuerdos pasa por mi cara, una gota se desprende de las nubes, me queda una mano, pero no quiero perderla, esta gota resbala por mi rostro y entonces, va dibujando mi cuerpo, veo como gota a gota, se deslizan y mi cuerpo se dibuja nuevamente con colores. Levanto mi cabeza y descubro que aquellas criaturas insolentes que no tienen plumas, que no tienen pelo, que no tienen patas, fabrican los colores, con sus enormes cuerpos que parecieran nubes, que se burlaban de mi porque siendo yo quien levantaba la mirada para observarlas, eran ellas las que levantaban su mirada para verme colgado de la nada. Y ahora entre colores puedo sentir que tengo un cuerpo, observo mi mano y mis dedos aún están amarillos, pero no trato de tocar estas criaturas insolentes. Dibujo una sonrisa en mi rostro, abro mis ojos, y sigo aquí en el mismo anden descubriendo de donde vienen los colores.


Ru.

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