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VI Concurso de Cuento Corto: El olvido más caro



Llegaron a Cali en la madrugada, nuestro personaje se sentía abrumado por la ciudad, aunque en varias ocasiones la había visitado. Bajo del avión y la camioneta lo llevó al lugar donde se llevaría a cabo el consejo de seguridad. Estuvo reunido con algunos generales de la policía y del ejército. Él guardaba silencio, mientras en su mente imaginaba esas calles nocturnas que lo llamaban desde los más recóndito de la ciudad. De repente se hizo más fuerte el llamado que provenía de lo profundo de su mente, de súbito interrumpió la reunión, fingiendo preocupación por un tema que se le olvidaba con suma facilidad, dijo:


-Voy a mi oficina un rato, sigan trabajando.


Al llegar a su oficina, abrió la gaveta donde guardaba su habitual vestimenta, sombrero y gafas oscuras, salió por la parte de atrás del edificio sin que el personal de su seguridad privada lo notara.


En el camino le rondaban ciertas preguntas, ¿cómo había llegado a ocupar el cargo que tenía? ¿porque terminó dirigiendo algo que no quería dirigir? si el sueño de nuestro personaje era defender a capa y espada la economía naranja, con investigaciones profundas en el tema. Recordó el día en que conoció al hombre que lo llevó tomado de la mano y lo implantó en el lugar que actualmente ocupa, llegando a la Carrera 10 noto que pasaba desapercibido en medio del gran movimiento nocturno que se vive en aquella zona de la ciudad, entró en una discoteca de la zona. Mientras saboreaba un trago de aguardiente recordó las palabras que le dijo aquel hombre el día de su posesión:


-Tranquilo mijo, usted no más se sube y hace todo lo que su equipo de trabajo le diga, sencillo no se mate la cabeza. Como última recomendación, no vea noticias, pa que hablen mal del trabajo de uno, eso pa qué.


En otra parte del país varios comandantes en lo más profundo de la selva deliberaban qué acciones tomar.


El sargento José dijo:


-Es ahora o nunca, debemos aprovechar el momento que afronta el gobierno.


otro miembro replicó:


- y perder este negocio tan sabroso que son las drogas, ni bobos que fuéramos.


El sargento José volvió a maldecir en su mente el momento en que su grupo armado desecho sus ideales por la avaricia del dinero que generaban las drogas.


-Listo hagamos esto, nos subimos al poder y convertimos la patria en una potencia mundial de exportación de drogas.


A nuestro personaje se le pasaron las horas en el bar en compañía de varios tragos de aguardiente. El general José ordenó el despliegue masivo de todas las tropas hacia el palacio de Nariño y el congreso de la república. En pocos minutos llamaron al edificio para informar el ataque que estaba recibiendo el estado y preguntaron:


- ¿qué hacemos?


Todos empezaron a buscar al presidente como locos por todo el edificio, al no encontrarlo, pensaron lo peor, fue secuestrado. El grupo revolucionario avanzó rápido y con determinación, mientras en el edificio buscaban a alguien que asumiera el mando. Ya era tarde, el sargento José ya se encontraba dentro del palacio de Nariño. Nuestro personaje consultó su reloj, pronto iba a amanecer, sintió su cabeza un poco desorientada por los tragos de licor, se le ocurrió intempestivamente ir a San Antonio, al llegar casi se cae de bruces subiendo las escaleras, pero luego de batallar con su mareo subió y sentó en las cercanías de la iglesia divisando el horizonte.


-He tomado mucho. - se dijo.


Dejó de momento la botella y se concentró en el sol naciente, los rayos de sol le proporcionaron un calor apacible, de repente se le empezó a iluminar la mente y se acordó del consejo de seguridad. Una señora de edad llegó con su puesto de caramelos, encendió la radio, nuestro personaje escuchó:


-Hoy es un nuevo día para Colombia, un nuevo grupo gobierna nuestro país y se presume la muerte del presidente, ¿qué nos deparará el destino?


El presidente sintió la noticia como un baño de agua fría, estrello la botella de licor contra el suelo y dijo:


- ¡Mierda! la patria.



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