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VI Concurso de Cuento Corto: EL QUIJOTE DEL CIELO

 



Para los que creyeron que El Quijote ha muerto, han de saber que ¡al morir don Alonso Quijano, nació un Quijote en el cielo!


Allá en lo alto existe una isla de nubes con habitantes alados que están atemorizados porque por primera vez hubo un cambio de dios en aquella tierra. Una guerra se aproximó sobre la isla con la llegada de invasores que no dejaban de matarse unos a otros para quedarse con el trono del ser supremo que fue desterrado por dichos malvados. La batalla la ganó el peor de ellos.


Era un ser injusto quién tomó el control a días de la partida del Quijote hacia la isla. Los habitantes ya no podían disfrutar del paisaje, las nubes se volvieron grises y los rayos del sol se colaban entre las nubes, quemando a quien se acercara. Por esta razón, ya no corrían ni caminaban a un ritmo normal sino que andaban muy lento, precavidos de llegar a tocar algún rayo de sol. Sus voces no volvieron a sonar melodiosas, sonaban bajas y tristes porque al nuevo dios le molestaba el sonido de las voces felices.


Cuando Alonso Quijano llegó al cielo se sorprendió pues allá reinaba el temor, el llanto, la tristeza y la desesperanza. El Quijote primero se sintió extraño en aquel lugar, añoró su vida en la Mancha pero se sintió mucho mejor al caer en cuenta de que ya no sentía la pesadez de la vejez. Habló con varios habitantes. Cada uno le contó una parte de lo sucedido en la isla. Alonso se llenó de valor y decidió retomar su rol de caballero y luchar por la justicia de los habitantes del cielo. Cada vez se sentía más feliz y rebosaba de vida.


Rocinante, sintiendo la necesidad de su amo, arribó días después; el caballero estuvo listo para dar principio a su empresa. Los habitantes le dieron muchas recomendaciones sobre ese nuevo dios y le obsequiaron una espada sagrada y una lanza mágica que el dios destronado le había confiado a uno de ellos. Al tomar estos dos elementos, el Quijote se iluminó junto con Rocinante a quien le crecieron alas coloridas y fuertes.


Los dos se adentraron en medio de una corriente de nubes para llegar a la cima, donde encontraron a dios. El Quijote se presentó cordialmente como caballero y lo desafió por el trono y la tranquilidad de la isla. El dios, que se llamaba Seny, le pidió a cambio su caballo alado, sus armas y su armadura.


Otra lucha empezó. Seny fue muy hábil y fuerte contra el caballero Alonso, pero este usó todo lo aprendido en su aventura terrenal para vencer a Seny. La espada lograba cortar la piel rocosa de aquel dios, enmanando pequeños rayos luminosos, y la lanza podía doblarse y moldearse al antojo de don Quijote. Así logró contrarrestar la increíble fuerza y habilidad que Seny poseía. El dios le dio un golpe fuerte de luz en el estómago a la par con un puñetazo de ondas en la cara, lanzando por los aires al caballero y a Rocinante que por la fuerza no pudieron esquivar algunos rayos de sol.


Luz y sudor se mezclaron dándole más coraje al Quijote. Su máxima arremetida fue usar su lanza mágica como aspas de molino que emanaba una potente luz abrasadora, mandando a volar al vil dios. Como última gracia, usó la espada sagrada para destronarlo, haciendo que la hoja se convirtiera en un rayo y así pulverizó al usurpador, injusto y malvado dios Seny. Así don Quijote logró llevar la paz al cielo.


Desde aquel momento, los habitantes de la isla del cielo sintieron de nuevo la paz y le pidieron a Alonso Quijano ser la autoridad. El Quijote aceptó con la única condición: no sería nombrado dios, sería llamado El Caballero andante de la Isla del cielo.



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