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VI Concurso de Cuento Corto: UN SIMPLE CUENTO

 


          

  • Adiós, Nico, dijo Ana.


Antes de que Ana pasara la puerta de salida hacia Coca-Cola yo ya había dado media vuelta.


La universidad se volvía a expandir ante mí, esta no representaba más que un simple cuento, un simple circulo, fuera de ella, nada existía.


Ana no importa Nico, hay muchas mujeres que escoger, me dije introspectivo.


Llegué a estadística y me encontré a algunos amigos con los que veía series de tiempo, Wilber, Carolina, Gian, Gina, Darwin, todos juiciosos repasando para el examen, el único dislocado era yo, que quería ir a jugar futbol o simplemente leer mi libro.


  • Me comparten sus notas, les dije amablemente.


  • Apenas las terminemos, contestó Wilber con gesto afable.


Pablo aún no llegaba, y yo lo esperaba para poder ir a jugar futbol, pero todo esto es oblicuo, no importa en la historia, cuando llegó, fuimos y jugamos, perdimos 5 partidos de ocho, me hicieron galleta, comimos un panino, y nos fuimos a bañar.


Al salir de las duchas del CDU, nos dirigimos a central para observar la audición.


Central era un vaho de flacos, metaleros, estudiantes de humanidades, y viejas góticas o chirris. El humo del cigarrillo y la marihuana se confundía al oler.


Encontramos a Víctor, este trajo dos mujeres y las presentó, ella es Maleja y ella es Natalia.


Las dos chicas querían comer brownie con nosotros, acepté deliberadamente.


Comí una parte del Brownie en sigma, el centro de estudio de estadística, donde fue que nos fuimos a parchar después que compramos el brownie en central. Había rumba al lado, la rumba del orgullo gay.


Rápidamente salí a la rumba con Nata, Nata quería estar sintonizada y placida en el ambiente, y por ello se animaba desde el principio tanto como yo.


Bailamos y cantamos hasta que por un momento me subí al borde de la plazoleta para tomar aire y observar.


El efecto del brownie fue casi como un nocaut, por un momento fue como leer un libro, uno mío, con páginas interminables, planos temporales en secuencia, ideas, enlaces, hasta que miré a Maleja al lado.


  • Maleja, ya estoy como ido creo.


  • Eso veo, dijo risueña.


  • ¿Puedo darte la mano?, le dije enamorado de su presencia.


  • Si, dale, me contestó dulcemente.


Me sostuvo la mano como una amante china, un ángel con rostro de “Han”, y cuerpo de geisha, Dios me bendijo en aquel instante.


Le advertí a Víctor que me supervisara. En ese momento Víctor se convirtió en aquel hermano mayor que nunca tuve.


Tenía ganas de perrear, perreé con Natalia, pero percibí la intensidad de mis actos, me apené y perreé con otra, esta primero lo hacía con cierta reserva, luego todo era disfrute, era ahora un ángel negro, divino, que movía sus nalgas en son del sentir de ambos, de la sexualidad, pensé que era mentira, que dosificaba el sentir, que quizá incluso estuviera acosandola, pero al parecer paso, y la excitación traspasaba el termómetro. Luego, la muchacha solo desapareció entre la muchedumbre.


Paré un momento, paré como quien para para pensar y nunca hacer nada, “l'uomo comune”. Traté de controlar todos los impulsos, todo lo que me hacía ir hacia las mujeres como un lobo en cacería. La luz parpadeante abría grietas a los recuerdos, las canciones podían retroceder o adelantarse libremente, y los saltos en el tiempo eran como una leve onda sísmica.


Estaba poco a poco entrando en un estado de Lexus como lo dije yo a mis compañeros.


  • ¿Qué cosa?, dijo Pablo riendose.


  • Lexus, repetí, como plexus, nexus, las novelas.


Siguieron riendose.


Empecé a ponerme nervioso ante mi estado, me quería ir. Comer empanadas era un desafío temporal. Me sentía perseguido y señalado. La señorita de las empanadas se reía tiernamente de mi tontería. Decidimos irnos.


La bulla de los jóvenes que salían de la plazoleta reverberaba mis sentidos y emociones. Nuestras sombras nos seguían con cierto rigor aguileño. La Universidad, un terreno extraño, maldito, quebrantado, y vicioso, desaparecía a medida que llegábamos a la salida. Siempre que entraba era como entrar en una zona libre del exterior, una zona que disimulada y estúpidamente despreciaba el exterior. El cuento había terminado.



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