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VI Concurso de Cuento Corto: Me declaro inocente

 



Siempre he tenido la agradable idea de volverme un asesino serial, pero solo porque viajaría mucho huyendo de mis captores. Me gustaría ser como John Wick, ser contratado, ser ágil, tener armas y poder, contactos y un perfil bajo. De esa manera podría cargarme al hombre que tanto acosa a mi mamá desde que tengo 12 años. Ahora tengo 18. A hermano le gusta la música electrónica y siempre que la pone imagino que estoy en una fiesta contratado para matar a un hombre que se aparece en el baño, entonces yo lo abordó y le disparo con silenciador, lo acomodo en el baño, me retiro el saco y lo cambio por el de algún tonto despistado que esté dándolo todo en la pista de baile, así cuando revisen las cámaras, el sospechoso será él y no yo.


Y no, yo no soy ningún asesino, solo quisiera ser como ellos: frío misterioso, hábil. Un día mamá me compró un arma de juguete, parecía de verdad, le insistí mucho para que lo hiciera por eso se agotó, me pregunto si dudará de hacer algo que yo le pida si se lo ordeno apuntándole a la cabeza. No se crean, amo a mamá, pero, díganme, qué ser humano no se ha imaginado haciéndole daño a uno de sus amados. Mi amigo Cristián siempre carga una navaja consigo, espero algún día la use y pueda ver cómo se hace.


Una vez él y yo juntamos varias estopas verdes e hicimos una capa gruesa con varias de ellas, de esa manera simulamos que era un vientre y empezamos a apuñalarlo, ¿será que así se siente el cuero de un hombre? La sensación me hizo dar un poco de miedo la verdad, en realidad no es que quiera matar a alguien, quiero saber que se siente intentarlo, ver a alguien a los ojos llenos de miedo mientras le apuntas.


Un día Cristián llevó la pistola de su tío, según él, no estaba cargada así que simulamos que uno de nosotros era el asesino y el otro la víctima. Primero fui yo la víctima, Cristián puso la pistola en mi rostro y me intentaba decir con odio que era un cabrón, sin embargo, nos reímos, ninguno de los dos se creía eso. Luego fue mi turno de ser el victimario, imaginé que Cristián era el hombre que tanto acosó a mamá por años y me entró un odio profundo, el arma parecía otra extensión mía, ceñida a mí como si estuviera hecha de piel, se la apreté a mi amigo en el cuello y lo arrinconé con fuerza. Él decía que no me lo tomara tan en serio y a mí se me salió una lágrima, yo era más corpulento que él, lo arrinconé con fuerza, él me miró con miedo, yo accioné el arma y se oyó una explosión ensordecedora. Algo salpicó en mi cara y Cristián cayó al suelo muerto. Con la sangre en el rostro me sentía poderoso. Mamá llegó y entre lágrimas me gritaba: “¿¡Qué carajos hiciste!? ¿¡qué te pasa!?”. Tranquila madre, pensé mientras caminaba hacia afuera: ahora estoy preparado para ir por aquel hombre.



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