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VII Concurso del cuento corto, DIARIO DE UNA PÉRDIDA


 

Cuatro niños en la escalera de una avioneta. Mamá esperándolos con una pañalera en la mano. El ruido de la cabina. Instrucciones de mamá. La avioneta sufre una falla, pero el piloto la repara. Todo en calma. Pocos minutos después, la boca del piloto da gritos por la radio: MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY. El ala derecha de la avioneta golpea la rama de un árbol. En cuerpo de mamá doblado encima de la bebé. Niños abrazados. Una mancha roja en el suelo de la cabina. Los quejidos de mamá. El llanto de la bebé.

 

El zumbido de los mosquitos. La primera noche en la selva. Caras de hambre. El árbol de fruta que encontró el niño. La palidez de mamá. Lágrimas de niños. Ruidos de animales. Rechinar de dientes de una de las niñas. La niña alimenta a mamá con fruta. La mano en la frente ardiendo de mamá. Las mismas frutas de los últimos dos días. Agua del río. Un poco de agua en la boca abierta de mamá. Tos.

 

Tercera noche en la selva. Un animal que se arrastra. La mordida de otro animal. Un poco más de agua en la boca abierta de mamá. Tos con sangre. Los ojos en blanco de mamá. Una última palabra de mamá. El llanto de los niños. El zumbido de las moscas.

 

Décima noche en la selva. El primer grito de un soldado. El machete de un soldado. Ramas partidas. Cuatro niños, tomados de la mano, caminando por la selva. La bebé en medio, a veces cargada. Saltos de los niños al río. Chapoteos. Más frutas.

 

Noche número 15 en la selva. El segundo grito de los soldados. El cañón de un fusil que se asoma antes que el hombre que lo empuña. Acuerdo con los indígenas para que ayuden en la búsqueda. Dejar agua y comida en los senderos. Un papel con instrucciones: dejen de moverse. Pitos negros y azules colgados de los árboles. El niño quiere usarlos, Lesly, su hermana mayor, se lo impide. El cumpleaños de la bebé. Un pañal abandonado. Niños escondidos tras los bejucos de la selva. La mano de la niña en la boca de la bebé.

 

Noche número 28 en la selva. Los perros guía sujetos por una cuerda. El perro Wilson mordiendo su cuerda. El adiestrador de Wilson suelta la cuerda. La nariz del perro en el camino, en los árboles, hasta el río. El perro va y viene. El perro tarda cada vez más en volver. El adiestrador espera el regreso de Wilson. Los ladridos del perro en medio de la noche. La huella de Wilson, junto a las de los niños en la tierra fresca. El recuerdo de la primera niña y del primer cachorro de lobo juntos. Una bebé que ya no llora. Avances diarios en las noticias del mediodía. Helicópteros. Un país entero rezando.

 

Noche número 35 en la selva. Niños muy juntos, como uno solo, escondidos en un cambuche. La piel de la cara pegada al hueso. Ojos saltones. Lengüetazos del perro Wilson. El guía de los indígenas voluntarios es el padrastro de los niños. Entrevistas diarias. Decenas de indígenas recorriendo la selva. Los niños escondidos, sin hablar, sin respirar siquiera. Una bebé pálida. Una bebé que ya no puede caminar.

 

Noche número 39 en la selva. Cuatro niños salen de su escondite. Sonrisas de soldados. Sonrisas de indígenas. Lágrimas de alegría. Un soldado cantando una canción de cuna a la bebé: arrurú mi niña, arrurú mi amor. La buena nueva en todas las noticias nacionales. Celebración de un país. Fotos, muchas fotos. Uno, dos, tres, cuatro...falta el perro. ¿Dónde está Wilson? Una carta firmada por internet para seguir buscando a Wilson. Promesas de continuar la búsqueda. El adiestrador de Wilson, solo en la selva.

 

El padrastro pide una casa y dinero para mantener a sus hijos. El padrastro es acusado de maltratarlos. A ellos y a mamá. Los abuelos pelean la custodia. Los dueños de editoriales y productoras cinematográficas se frotan las manos. Una historia millonaria. Mientras tanto, los niños se recuperan, solos en un hospital, sin visitas.

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