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VII Concurso del cuento corto, LA DANZA DEL AMOR

 



La danza del amor se baila cada luna nueva después del ritual de la cosecha, se reúne toda la tribu junto al fuego a cantar y adorar a sus dioses. En especial a Katir, la diosa de la cosecha, a quien hay que tener feliz por medio de canticos y danzas alegres que demuestren el agradecimiento hacia ella y sus dones, los regalos que le da a la tribu Talaj. En esta tribu está a cargo de todo la matrona Malá, quien toma las decisiones importantes.

 

Esta mujer instruía a las demás de todo lo que debían saber acerca de la madre tierra y los dioses a los que debían honrar y ofrendar con sus danzas y canticos; además, también hablaba de que quienes estaban casados tenían que realizar la danza del amor de la manera más sincera y pura, pues si esto no era así, los dioses los castigarían.

 

Una noche, después del ritual de la cosecha, como era costumbre los esposos se fueron a sus hogares y las solteras y solteros de la tribu durmieron separados para evitar ofender a los dioses. Algo sorprendente sucedió al día siguiente; la cosecha estaba seca, los frutos estaban podridos, además el rio que bajaba cerca del caserío estaba seco. Alguien había ofendido a los dioses y nadie sabía quién, pues los solteros estaban en su lugar junto a quien los custodiaban e igualmente las mujeres; los esposos afirmaban haber honrado a la diosa Katir con la danza del amor y haber tenido todas las precauciones posibles. Nadie entendía lo que pasaba y la matrona, aunque angustiada, no perdió la calma y quiso buscar razones. Nabia era una de las mujeres solteras de la tribu, estaba esperando a tener edad de casarse para que Talaz la pidiera como esposa. Era una mujer dulce y comprometida con la tribu, le gustaba el cultivo y estaba muy al pendiente a la hora de los rituales y las ofrendas para tener una cosecha abundante.

 

La noche del ritual, Nabia se había quedado organizando las ofrendas para que ningún animal las tomara o el fuego las tocara, en eso, ella sintió que fue agarrada por la cintura, una mano gigante tapó su boca y la arrastró hasta el bosque. Ella intentó clavar sus uñas en el cuerpo que la tomaba, pero se quedó sin fuerza, se vio envuelta en los brazos gigantes y sintió que jamás podría salir de ahí, pensó en la danza del amor y en que nunca creyó que así se sentía.

 

Nabia sí sentía que su cuerpo danzaba con aquel brusco y ajeno cuerpo, pero era una danza grotesca, sin compás, sin ritmo y lastimaba, quería gritar, pero todo su cuerpo dolía y sentía que en algún momento se desmayaría; aun así, intentó clavar sus uñas en la tierra para no seguir siendo arrastrada. Ese cuerpo gigante ahora estaba encima de ella y los movimientos que hizo estando allí hicieron que de sus ojos brotara una lagrima hasta llegar a desmayarse.

 

La matrona notó la ausencia de la chica, quiso buscarla y se adentró al bosque, a lo mejor había visto el infortunio y quiso buscar más ofrendas. Dentro del bosque vio las huellas de las uñas en la tierra, seguido del collar de Nabia que la identificaba como miembro de la tribu. La matrona esperó lo peor, y algunos pasos después la vio, acurrucada en el tronco de un árbol, tapando su cuerpo con sus pequeñas manos. Allí la matrona lo entendió todo, la danza del amor había sido violentada con la indefensa Nabia.

 


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