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VII Concurso del cuento corto, LA VOZ DE LA ABUELA Y LA LEY

 


Mis pies no tocaban el piso pues la silla era mucho más grande que yo al igual que la mesa del comedor, no puedo describir lo pequeña que me sentía; el plato lleno de comida, un vaso a medio tomar y una ley muy clara que me exigía, ¡no pararme de ahí hasta que termine!, pero ¿Por qué terminar era importante?, yo tenía en ese momento tantas cosas por hacer, era una persona ocupada y no tenía tiempo para estar obedeciendo leyes que no entendía.

Extrañamente había una fuerza externa que no me dejaba pararme de la silla, parecía en ese momento como si mi trasero estuviera atado por el miedo, al ritmo de mis preocupaciones un reloj que marcaba; media hora, una hora, una hora y media. Con mis manos sosteniendo mi cabeza llena de aburrimiento al mismo tiempo que unas gruesas lagrimas bajaban por mi rostro, de repente, sentí una cucharada de comida acercarse a mi boca, fue tan sutil que no pude evadirla, porque venía acompañada de una voz convencedora pero apurada, diciendo: “rápido, cómase esta última cucharada yo llevo los platos a la cocina antes de que su papá se dé cuenta”.

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