Ir al contenido principal

VII Concurso del cuento corto, EL TRINCHO Y LA PIEDRA


Hoy iba caminando por la calle muy distraído como siempre, cuando de repente me golpeé con una piedra en el dedo gordo del pie y recordé que a veces hay días en que tengo el pelo duro como una piedra, la misma piedra con la que mi abuela y mi madre machaca el ajo, recordé que yo uso el mismo trincho con él se peinaba mi abuela, y cocino con la misma piedra que ella cocinaba. Mira que con el trincho y un poco de agua, ayuda quitarte esa piedra, la piedra que me da, ¿sabes que tengo piedra?, es tengo rabia, y esa me da cuando me dicen que mi pelo es duro, y que duro es reconocer la belleza de tu pelo, de un afro tan delicado al cual hay que dedicarle tiempo, y siempre recodar lo hermoso que es, para mantenerlo lindo solo debes usar un poco de crema y aceite de coco y así se te suelta, así mismo como el arroz de coco que, hacia mi abuela y mira que ella partía ese coco con esa misma piedra, y le daba duro para que se partiera a la mitad, luego era rico tomarte esa agua tan refrescante y dulce. 

En el coco me daba mi madre cuando no hacía caso, me escapaba un ratito porque también me encantaba quedarme hasta tarde tirando la piedra al río, que rebotara varias veces mientras competía con mis amigos, y recuerdo muy bien cuando mi abuela lavaba la ropa en el mismo río en una piedra que le servía como lavadero, mis primos y yo ayudábamos a cargar el balde con ropa, el jabón azul y las ganas de lanzarnos al río, ver las pequeñas pecadas que yacían en la leve profundidad de esa cristalina agua que no se podía beber, pero si chapotear hasta mojarnos toda la ropa, nos tirábamos en calzoncillos mientras nuestra ropa se secaba, porque si llegaba mojado mi mamá se enojaba y me pegaba en el coco.

A veces llovía mucho y tocaba que irnos corriendo del río para la casa, saltando de charco en charco, cerrábamos todas las puertas porque el vendaval era fuerte, siempre se iba la luz y mi abuela encendía las velas mientras escampaba, y mientras eso sucedía en el fogón ponía el café y se ponía hacer unas ricas arepas de harina con queso costeño, creo que es lo más delicioso que he probado en mi vida, cuando llegaba la comida nos ponían en fila en el suelo para que no hiciéramos regreso en el comedor, pero también era importante que tuviéramos mechas en la cabeza porque mi abuela decía que eso atraía truenos, también hablar muy duro, pero yo amaba escucharla contando sus historias, por ejemplo ella siempre decía que no podíamos jugar con nuestras sombras porque se volvían grandes y luego te comían, y que también debíamos tapar los espejos porque eran portales y traían rayos también.  

Qué lindo es golpearse el dedo chiquito del pie con una piedra para recodar a mi abuela, que, hacia patacones con la piedra, que se peinaba y nos peinaba con el trincho, que nos llenaba de amor, de calor cuando llegaba la lluvia y cuando se iba nos llevaba a chapotear a fuera para ver las travesuras que había dejado la lluvia, con botas, sacos y sombrillas, ahora que estoy grande, tengo mi piedra, mi trincho, y solo me falta mi abuela.  

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

VIII concurso del cuento corto, ¿NO SABES DE SEBAS?

 ¿ NO SABES DE SEBAS? Toda las comodidades posibles su familia le entregó, vistió bonito bajo la luna y fresco bajo el sol, no le gustaba la lluvia y se quejaba del calor; la primera su cabello despeinó, la segunda excesiva transpiración le brindó. Estudió, entrenó y trabajó, pero nada de eso le gustó. Sus parientes le enseñaron lo bueno y lo malo él escogió. Una amistad le presentó la calle y eso sí que le encantó. Conoció una amiga nueva y con ella se quedó, fue un cambio abismal; pasó de su casa a un callejón. La ese se agrandó, ahora se cree un dios, dejó de ver por ojos ajenos y de todo se adueñó. Venía de la nada, pero iba por todo. Las caricias de su madre jamás las aceptó, las de su abuela siempre las ignoró, y los consejos de sus tíos nunca los escuchó. Hasta los quince años de su casa no salió. Si un día quiso aquellos zapatos; mami se los compró Quería estar a la moda; papi lo vistió. Como la e, salió de noche sin saber para dónde fue, vistiendo de negro desde la cabe...

BiblioExperiencia: Manuel López Izquierdo: el escritor del futuro

Leidy Xiomara Ponce Castillo Autora: Leidy Xiomara Ponce Castillo Estudiante Es un poco confuso lo que enocasiones se le ocurre a los hombres. Unos creen que con el hecho de madurar indican sabiduría. ¡Qué error! La gente se pone más tonta porque esconde al niño para sacar al hombre Lexi P11 Esta frase podría definir la vida e historia de Manuel López Izquierdo; aunque nadie hubiera dado un centavo por él, es hoy por hoy un escritor de cuentos infantiles. Sus libros desde hace poco han logrado introducirse en muchos hogares de nuestro país, y piensa extenderse en otros países como Chile, Ecuador y México. Manuel López Izquierdo un hombre que desde hace 48 años habita este planeta con el fin de disfrutarlo; apasionado por la vida y por todo lo que está a su alrededor, le encanta escribirle a la muerte, al anciano que estuvo y ya no está, a las mujeres y su profundo sexto sentido, a la sociedad, la naturaleza, al canto de las aves y hasta al r...