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VII Concurso del cuento corto, LAS VACAS VOLADORAS

 


En el preciso momento en el que observe con mis propios ojos a una vaca volando, solo  había un pensamiento en mi mente “creerán que estoy loco, pero, si de verdad estoy loco  ¿es porque creo que estoy loco, o es porque las vacas vuelan?” varios pensamientos redundantes y caóticos revoloteaban en mi mente, como si de verdad mis neuronas fueran  el revoloteo de miles de alas de mariposas, como si mi mente estuviera rota, como si mis  pensamientos estuvieran tan dispersos como para poder encontrar el mínimo atisbo de  lógica, “¡¿desde cuándo las putas vacas vuelan?!” no había otra cuestión que inundara mi  mente, miles de pensamientos me apuñalaron en mi psique como si miles de aguijones de  avispas se empeñaran a atentar contra mi pobre mente desvalida y rota, rota por culpa de las  personas que crean que estoy loco “¡¿Qué creerán de mí?!”, “¿Qué pensaran las personas  de que alguien como yo vio eso?” “¿la sociedad está preparada para saber que las vacas  vuelan?”, tengo miedo, miles de ojos me observan, preparados para juzgarme con gran  violencia y brutalidad contra mi imagen “¡JA! Este puto loco ya cree que las vacas vuelan  ¿Qué sigue? ¿Qué la tierra es el centro del universo?” pero no soy un ignorante, se lo que  vi, se que como seres humanos no somos el centro del mundo, sé que como producto de  nuestro frágil y miserable ego, provoca que nos creamos mas de lo que somos, eso es lo que  me preocupa y si las personas no me creen ¿qué voy a hacer?, mientras que mis  pensamientos se sepultan en el crepúsculo profundo de la noche, enterrados en las cavernas  más profundas de mi cerebro, esos pensamientos salen revoloteados y disparados más rápido que mis propias palabras, en las noches más profundas me dan ganas de gritar lo  suficientemente fuerte para que me escuchen “¡NO ESTOY DEMENTE!”, pero, aunque  grite lo mas fuerte posible, mis gritos de socorro, se pierden en las ventiscas más helados de  las noches mas oscuras. 

Odio y desprecio es lo único que me marca en la sociedad, es lo único en lo que destaco  como ser humano, mi empatía y amor fueron enterrados, cuando decidí sepultar mis  pensamientos en estos textos hace muchos años, cuando me di cuenta, seguía viendo los  mismos paisajes bizarros de siempre, una inundación de sobre pensamientos, me sepulto,  “¿es correcto que intente demostrarle al mundo, que las vacas vuelan?”, no, la verdad es  que no, es decir, el arte como tal es muy subjetivo en esta época moderna, a nadie le  importa las pobres ideas de un diablo desamparado por la sociedad, los auto denominados  artistas literarios como yo que creemos podemos cambiar el mundo con palabras, pero  nuestro poder se acaba cuando las personas dejan de leer nuestros pensamientos plasmados  en el papel, ¿para qué me intento esforzar en una vida tan injusta, si soy consciente de que  aunque me proponga metas ridículamente exageradas, la palabra que suena como mi padre  nuestro es “lo hare mañana”?, dichos muy viejos vaticinan que “no dejes para mañana lo  que puedes hacer hoy” yo deje “no hagas hoy, lo que deberías de hacer mañana”  probablemente una burda excusa para justificar mi irresponsabilidad injustificable.

Un fatídico domingo 5 de abril del 98, en una granja muy lejana acompañado por uno de  mis mejores compañeros de vida, Hugo, sus palabras delataban mas que su experimentada  vida en el ganado, le pregunte a Hugo “Hugo, ¿creerías que estoy loco si te digiera, que las  vacas vuelan?” Hugo respondió de forma contundente “Andree ya hemos hablado de esto,

por favor responde mis preguntas como te lo indico”, parpadee un momento, “¿crees que  las vacas vuelan, andree?” intente esconder mis mas que evidentes delirios, respondí, “no,  las vacas no vuelan”, Hugo acertó con la cabeza, se levanto de la silla, y cerro la puerta al 

salir de la habitación blanca, “encierren al paciente, andree Martínez, código 199-1 cree  que las vacas no vuelan, las vacas voladoras se descubrieron en el 1997, diagnostico:  esquizofrenia, pobre diablo, al final todos estamos locos, algunos sabemos disimular mejor,  otros convierten su locura en su propio teatro”


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