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VII Concurso del cuento corto, ¡AY MARIANA! EL DÍA EN QUE MARIANA DESCUBRIÓ LAS TIJERAS

 

Mariana llegó particularmente entusiasmada a la escuela, porque su maestra el día anterior le comunicó a la clase que hoy aprenderían a usar tijeras.

 

—Tijeras, tijeras, tijeras— pensaba Mariana. ¿Cómo y para qué se usaría aquel curioso objeto con el que no la dejaban jugar?

 

—Niños, vamos a iniciar la clase. Tomen sus tijeras y una hoja de papel—

 

Había llegado la hora de descubrirlo. Mariana en primera fila estaba muy atenta a la explicación de su maestra, primero debía tomar sus tijeras e introducir sus deditos en los hoyos, después acercar la hoja de papel y ponerla en medio de las tijeras, para finalmente mover sus deditos hacia adentro y hacia afuera e ir avanzando y corta, corta, corta.

 

—Esto es muy divertido— pensó.

 

Esa tarde de camino a casa se preguntaba —¿Mis tijeras solo cortaran papel?— No lo sabía, pero lo descubriría.

 

Al llegar se percató que su casa mágicamente se había convertido en recortalandia, un lugar con infinitas posibilidades y objetos para recortar. Con gran emoción tomó sus tijeras y se subió al tren del recorte e hizo varias paradas: El mantel del comedor se vería más bonito con un agugero en medio. Tenía talento como decoradora de interiores, pensó. Después se dirigió hacía la tarea de su hermana: a los edificios de esta maqueta les hacen falta unas ventanas ¡Vaya, qué buena arquitecta era Mariana!

 

La siguiente parada fue el cuarto de sus padres, al alzar la mirada vio la horrible camisa del uniforme de su padre, siempre tan enorme cuando su papá era muy delgado. Rápidamente tuvo la maravillosa idea de arreglar la camisa —Papá ya no tendrá que usar esa horrible camisa 3 tallas más grande —. Mariana se sintió como una famosa diseñadora de modas mientras rehacía la camisa —¿Habrá alguna cosa que no pueda hacer bien? ¡No lo creo!—dijo orgullosa de su trabajo.

 

Finalmente en su última parada, pasó frente a un espejo, le pareció maravilloso que recortalandia también tuviera un salón de belleza, y habiendo comprobado que sus fabulosas tijeras cortaban más que papel, se le ocurrió que para terminar el recorrido se haría un corte de cabello. Después de todo, ella había hecho todas esas magníficas obras de arte, era una brillante decoradora, arquitecta, costurera y ahora también sería estilista—¿qué tan difícil puede ser? al terminar me veré fabulosa— pensó, y decidida tomó trozos de su cabello y cortó, cortó, y cortó —Esto es más difícil de lo que imaginé, pero seguro quedará bien— al terminar se vio al espejo, en su interior algo se revolvió ¿Acaso era enojo lo que sentía? ¿tristeza? ¿vergüenza? ó… ¿frustración? No, ¡eran todas juntas, lo que era mucho peor! pero… ¿porque se sentía así? si el mantel de mamá se veía mejor ahora ¿verdad? y la maqueta de su hermana ¿realmente necesitaba esas ventanas?, —bueno, la camisa de papá está algo chueca, pero aún puede usarla ¿no?— de lo único que estaba realmente segura era que su cabello ya no tenía una forma muy pareja.

 

Mariana ya no sabía si lo que había hecho estaba bien, pensó que sería bueno devolver las cosas a su estado inicial, pero… ¿cómo lo haría?. aunque estaba avergonzada buscó la ayuda de su madre y le mostró lo que había hecho. Ella con ternura le dijo —No llores, a veces hacemos cosas sin pensar mucho en las consecuencias, tu intención no fue mala pero no estuvo bien lo que hiciste mi niña. Lo bueno, es que de los errores pueden brotar cosas hermosas— así que Mariana se animó. Comprendió que las cosas ya no volverian a lo que eran antes, pero podían convertirse en algo más bello y limpiando sus lágrimas, con la ayuda de su madre se dispuso a reparar los daños causados: El mantel de mamá se veía más hermoso con un parche de girasol, la maqueta de su hermana con unas cuantas capas de pintura parecía una hermosa ciudad futurista, la camisa de su padre, con unas pocas costuras se convirtió verdaderamente en una de su talla y el corte de su cabello con un peinado nuevo ya no se veía tan mal.

 

 

 


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