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VIII concurso del cuento corto, Angel caído

 “Angel Caido”


Los recuerdos venían a mi mente mientras mis manos ensangrentadas sostenían el cuchillo, era una herramienta simple, sin sofisticaciones, pero suficiente para cumplir su proposito. Aun no entiendo como llegue a esto.no se porque estoy cometiendo un asesinato a sangre fria

— Aún te extraño, Emilia... te extraño tanto que el deseo de venganza es lo único que me mantiene en pie.

Mi voz era como un susurro cargado de tristeza, impotencia y odio el cual se perdía en la noche. Sé que muchos juzgarán mis acciones, pero nadie llega a este punto sin haber recorrido un largo camino y Todo comenzó con ella... con Emilia.

Meses antes...

Trabajaba en el bajo mundo, donde la moral y la ley eran irrelevantes. Pero no estaba solo. Emilia, mi esposa, era mi refugio, mi hogar. así a mis 33 años y ella, con 25, ella era la razón por la que seguía peleando.Ella Trabajaba como periodista, pero en las sombras, me ayudaba con mis operaciones, siempre con discreción. así llegada la noche,ella además de curar mis heridas físicas, aliviaba las cicatrices de mi alma.

Pero todo cambió aquella lluviosa noche del 14 de febrero. Caminábamos de la mano por los suburbios, disfrutando de un momento de paz.

—Cariño, deberías descansar —dijo Emilia —. Temo que todo esto termine por destruirte.

—Mañana será mi último trabajo —le respondí—. Después de eso, todo acabará. Tendremos una vida tranquila y hasta tal vez hijos.

Sus ojos brillaron con esperanza, pero en el aire había algo oscuro. Antes de que pudiéramos reaccionar, un grupo de hombres nos rodeó. De entre ellos, una figura emergió: Snake Eye, un hombre marcado por cicatrices de guerra y el cual fue contratado para matarme.

—Ja, ja... hasta que te encuentro, “ángel caído” —rió con burla

Mi rostro se endureció al reconocerlo. un presentimiento llenaba mi corazón,esto me hacía ver que esto no se acabaría hasta que uno de los dos muriera.Emilia se aferraba a mi brazo, tratando así de mostrarse fuerte, aunque podía sentir su miedo.

—Qué pena que todo termine así —dijo Snake Eye con frialdad, dando la señal para que sus hombres atacaran.


La lucha fue brutal. Aunque logré derribar a varios, su superioridad numérica me abrumaba.

Sentía los golpes, los puñetazos, los cortes... pero todo lo hacía por ella. Por Emilia.

Entonces en un mísero error, en el caos de la batalla, uno de los atacantes tomaron por detrás a Emilia, y así con un cuchillo en mano, lo colocaría en su cuello.

—¡Emilia! —grité.

Pero ya era tarde. En un acto de valentía, mordió la mano del hombre y se lanzó hacia mí. El cuchillo del atacante la alcanzaría, cortando así su abdomen, así cayendo al suelo, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Desesperado, me lancé hacia ella cubriéndola mientras recibía los golpes por ella, los cuales venían de todas las direcciones. Cuando finalmente los atacantes se marcharon, sólo quedamos nosotros dos en esa fría noche. Emilia agonizaba en mis brazos notándose así como su respiración era débil.

—No... no te puedes ir... —susurré

Emilia con sus últimos esfuerzos posaria una de sus manos en mi rostro.

—No busques venganza, Edmond. Te amo más allá de todo esto... pero si lo necesitas, prométeme que después buscarás la paz... no dejes que el odio te consuma.

Apretaba su mano con furia.

—Te lo prometo Emilia. Los haré pagar.

tiempo después mientras que mi herida cicatrizaba, mi corazón seguía notablemente roto. así poco a poco me prepararía para la caza, armado hasta los dientes y listo para eliminar a todos los que nos atacaron.mientras sin saberlo, Emilia me observaba desde el más allá, su presencia invisible pero constante estaba vigilando cada asesinato.y asi pude sentír que algo o alguien me acompañaba.

De vuelta al presente...

El cuerpo inerte de Snake Eye yacía a mis pies. Mi respiración era pesada, pero mi alma vacía encontraba paz al tener al último de los asesinos muertos,y así también mi promesa pactada 

Justo cuando me disponía a marcharme, una luz suave llenó el lugar. Emilia, mi Emilia, estaba arrodillada frente al cadáver, orando.

—Emilia... —murmuré.

Se volvió hacia mí, sus ojos no mostraban reproche, sino una calma que no entendía.

—Te he visto todo este tiempo, Edmond —dijo —. Cada vez que matabas, yo estaba contigo. Pero no es tarde para dejar el odio atrás.

Caí de rodillas claramente destrozado por aquellas palabras.

—No sé cómo... —susurré.

Ella sonrió con ternura.

—Empieza por perdonarte a ti mismo.

Y así comenzaría un nuevo camino, uno que no terminaba en la venganza. y el cual para mi no fue un final, sino un nuevo comienzo.



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