Ir al contenido principal

VIII concurso del cuento corto, LA MÁSCARA DEL REMORDIMIENTO

 LA MÁSCARA DEL REMORDIMIENTO 

Por fin terminamos la operación, dije antes de irme del quirófano. Soy Roger, soy médico y vivo solo con mi madre, no la veo mucho porque he estado muy ocupado en el hospital, siempre hay algo que hacer, pero hoy termino y podré volver a verla. Me iba dirigiendo a la sala principal del hospital para darle las buenas noticias a la esposa e hija del famoso que salvamos mis colegas y yo en el quirófano hoy, pero me detuve un momento para ver otro cuarto por el hospital y se veían caras de tristeza, muy posiblemente no se logró salvar la vida de esa persona, sin embargo, me sentí atraído a saber quien era, pensaba que ya conocía a esa persona, así que me acerqué lentamente y quedé atónito, plasmado y perplejo, no pude creer lo que estaba viendo, la cara de mi madre estaba allí, tirada en esa camilla sin signos vitales, pálida y fría, y yo empecé a llorar. Cuando algo muere, nace la nostalgia buscando compañía, y me encontró, me agarró de la mano y dijo en silencio que era mi turno de estar con ella. No podía entenderlo, mientras mis lágrimas caían, un colega me decía mientras me miraba con tristeza y lástima hacia abajo “- Llegó al momento que también llegó el famoso que atendiste, nos dijeron que estaba sufriendo de un paro cardiaco, hicimos los procesos de reanimación, pero no lo logró”. En ese momento, me sentí peor, no pude pasar más tiempo con ella por estar con tantas cosas en el hospital, tenía escrito en un suspiro las palabras que quería decirle pero el viento se las llevó al ver que no podrían ser pronunciadas. La he amado durante toda mi vida por el apoyo incondicional y esfuerzo que hizo por ayudarme, jamás pensé que tendría tan poco tiempo para poder seguir con ella. En ese instante apareció la culpa y en susurro me dijo: “- Seré inmortal, porque no se puede retroceder en el tiempo y esto no se repara”. Mientras seguía llorando en la esquina del cuarto, pensé y supe que era verdad, no importa qué viejo proverbio sobre cómo olvidar lea, ya habían pasado las cosas y no podía perdonarme, pude haber estado allí para ayudarla, en vez de ayudar a otra persona que no conocía aún si el resto del mundo si. En eso, mi amigo de confianza, Leo, me dice “- Lo siento mucho Roger, es una triste noticia, pero debes decirle a la esposa e hija del famoso que su operación fue exitosa, después de todo, tú hiciste la parte más difícil y gracias a ti, él sigue vivo”. La verdad no quería ir, pero sabía que esas noticias iban a generar revuelo y con las palabras de mi amigo Leo, me levanté, y aunque pude secar las lágrimas de la cara, no pude hacerlo con las de mi corazón. Fui poco a poco, a lo lejos podía ver las caras de angustia de la esposa e hija de saber si su esposo seguía vivo; cuando llegué, me trague mis sentimientos, hice la mejor cara que pude y con el poco ánimo de seguir existiendo les dije que fue todo un éxito y su esposo seguiría vivo. De repente el ambiente en el espacio se puso de felicidad y abrazos en familia, pero yo seguía pensando en lo terrible que es la vida, había demasiada luz en un día tan sombrío como este. Me fui a mi casa, pudo volver a llover otra vez, porque no quería ver más la luz del día, no podía siquiera imaginar poder recordar a mi madre sin arrepentimiento y sin mirar hacia atrás con una culpa tan grande como el océano. Abro la ventana para ver si se escapa el tiempo sin verla y decirle que la amo, pero no funcionó, supe que la felicidad ahora sería una máscara de sonrisa falsa desde que no estás y ahora todo es como un presentimiento de que todo irá mal. Y es aquí, donde las dudas que me respondía a mi mismo surgen: ¿Estuvo bien?, ¿Pudo ser diferente?, ¿lo intentaste?, ¿le dijiste lo que vale?, ¿Puedes vivir con esto?... porque yo no.


-Vive cada momento, mañana es una esperanza...jamás una promesa.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...