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VIII concurso del cuento corto, INGENIOS

INGENIOS


 En Villa Rica, un pueblo del Cauca,

el sol brillaba, pero el futuro se opaca.

Ángela, joven con sueños en el pecho,

veía a sus amigos caer en el despecho.


La falta de oportunidades pesaba como un yugo,

el hurto, la delincuencia, el camino más duro.

Mientras a su alrededor se perdían en sombras,

ella soñaba con el cambio que el alma le nombra.


Un día escuchó de una beca brillante,

una luz en la niebla, un futuro distante.

Decidida a luchar, se preparó con fervor,

cada libro y cuaderno alimentaban su amor.


El día de los resultados llegó con emoción,

su nombre en la lista, pura celebración.

Con la beca en mano, su destino cambió,

la universidad fue el camino que eligió.


Estudió sobre el suelo y la vida que abraza,

aprendiendo a sembrar lo que el alma no pasa.

La caña de azúcar, dulce y despiadada,

había arrasado sueños, la vida desolada. 

 

Ángela, con su fe, comenzó a soñar,

en proyectos de vida que pudieran brotar.

Cultivos diversos que a su gente dieran,

alternativas claras para que no se perdieran.


Regresó a su pueblo con el saber en la piel,

y junto a sus amigos, construyeron un nivel.

Cooperativas nacieron, la esperanza floreció,

donde antes había miedo, la unión renació.


En la plaza del pueblo, con voz clara y sincera,

Ángela alzó su canto, su alma era bandera:

“Hoy somos un pueblo que vuelve a soñar,

con educación y trabajo, juntos vamos a brillar”.


La caña de azúcar, aunque dulce en el suelo,

no puede reemplazar el amor y el anhelo.

Las fincas tradicionales volvieron a renacer,

con manos laboriosas que aprendieron a creer.


Así, en Villa Rica, la historia se reescribe,

donde el futuro florece y la esperanza vive.

Los jóvenes brillan, llenos de pasión,

cultivando sus sueños, sembrando ilusión.


En tierras de gloria, donde el sol brilla fuerte,

las fincas tradicionales dan vida a la suerte.

Pero llega el ingenio, con su sombra voraz,

arrasando los sueños, dejando un vacío atroz.


Las manos afrodescendientes, que sembraban con amor, 

ven cómo sus tierras se llenan de dolor.

El azúcar que fluye, dulce en su esencia,

pero a costa del pueblo, pierde su presencia.


La caña se alza, pero a un alto precio,

desplaza las raíces, quita el derecho.

Economías que luchan por sobrevivir,

frente a un gigante que no deja de consumir.


Las fincas que eran sustento, hoy son solo un recuerdo,

mientras el ingenio avanza, dejando un suelo muerto.

Las voces de la comunidad claman por justicia,

pidiendo que su historia no se pierda en la codicia.


Es tiempo de luchar, de alzar la voz,

por un futuro digno, por el bien de todos.

Que el azúcar no embriague el alma de la gente,

sino que florezca el campo, en un abrazo latente.


Unidos en la lucha, con fuerza y verdad,

recuperaremos tierras, sembrando dignidad.

Que la historia no olvide nuestro legado,

en las tierras de la caña, el pueblo está de pie, al lado.


El miedo se disipa, la vida es un canto,

y en cada corazón late un nuevo encanto.

Ángela y su gente, en un abrazo sincero,

demostraron que el amor es el mejor sendero.


Con esfuerzo y unidad, el pueblo avanza,

donde antes hubo sombras, hoy hay confianza.

Villa Rica resplandece, un ejemplo sin par,

de que con educación, se puede triunfar.



Comentarios

  1. Es increíble este cuento y la estética, una buena historia escrita liricamente.

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