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VIII concurso del cuento corto, CAYENDO AL CIELO

CAYENDO AL CIELO

Soñé que estaba cayendo en un abismo oscuro y tenía hilos de plata en mis muñecas. Gritaba pero no salía ningún sonido de mi garganta.

Al despertar no sólo recordé el sueño sino también a mi causa de tanto sufrimiento a un vacío que no sé sí esa nueva persona pueda llenar. El pasado me había congelado. No existía nadie más.

Fue mi primer amor entre el colegio y la universidad, se hicieron interminables hilos de amor y sueños.

Es la persona más tóxica que he conocido, me enseñó el lado oscuro de la vida. Me trataba de la peor manera pero parecía que era una adicción que me ataba más que las cosas que he probado a su lado.

Me enseñó el toque suave y dulce del polvo y el barro, la hiel y la hierba. El escudo de mí coraza se volvió arena y fuimos hasta el último rincón de mis más oscuros pensamientos que flagelan mis muslos.

Me decía PUTA! Y lo creía, como sí me pagará por ello o como sí las veces que estuvimos en orgías o tríos era su deseo, su perversión a través de mí. Conocer el cielo y el infierno es como comparar el pasado y el presente. Ahora caigo en un mar de sentimientos, un nuevo renacer aunque las palabras y sentimientos me frenan. Este nuevo personaje me da lo mismo pero sin sacar mis partes más oscuras sin el frío y la pérdida de mi autoestima.

Me sometí a sus dominios hasta que un día decidió que quería aflorar nuevos rumbos en otro lugar, le sugerí que lo hiciéramos juntos y antes de que me diera cuenta se había alejado de mí dejándome con una confusión y un vacío. Intenté retenerle y logré ir a un encuentro que no fue nada fructífero sólo fue mi despertar. Definitivamente las cosas suceden por algo aparte de saber que le estaba haciendo lo mismo que me hizo a mí a otra víctima más. Pude conocer a otro ser tallado por el estándar de la sociedad como privilegiado pero lo que más me gustó fue lo detallista logró ver algo en mí que ni siquiera yo había notado, era evidente a la vista en mi manera de andar, en mi vista hacía el piso, en mi forma de vestir y sobretodo en mis marcas que no se borrarán ni con cicatricure.

Me tomó de su mano y nunca me soltó. Comprendió que a veces hay que pasar por ciertos eventos que no sólo te hacen más fuerte sino que también te empoderan. Ahora estoy cayendo en la gravedad de un entorno de amor y poesía, de vainilla y terciopelo, de calidez y triunfo. Sólo a unos metros de ése ser que me dejó enseñanzas, huellas y la esperanza de que no volveré a caer en el infierno.



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